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jueves, 24 de abril de 2014

Qué se siente

Dime, qué se siente.
Qué se siente cuando te sigues encontrando en mis letras,
en la superficie y en la profundidad de estas.
Qué se siente al ser dueño de mi voz,
que susurra tu pasado en el papel.
Qué se siente al verme desnuda, abierta, entregada,
a la espera de que tu recuerdo me penetre y me haga sentir.
Qué se siente cuando te das cuenta de que nunca he mentido,
que mis miradas y sonrisas llevan tu nombre.
Qué se siente cuando alcanzas lo que sueñan los mortales,
esa eternidad que te regalo dejándote en escritos.
Qué se siente al pasear por esta ciudad de esperanza,
al caminar entre las ruinas que quedan de ella.
Qué se siente sabiendo que eres el propietario de este solar desterrado,
donde había tantas ilusiones construidas que se vinieron abajo.
Qué se siente al haber causado tanto daño
y seguir siendo el protagonista de mi inspiración.
Dime, qué se siente cuando te quieren de verdad,
cuando el "por siempre" se queda corto,
cuando el amor es real.
Dime, qué se siente. 
Dime, ahora, qué sientes.

miércoles, 23 de abril de 2014

La odiaba




La odiaba como se odian las cosas que más gustan.

La odiaba como al domingo, porque le incitaba a reflexionar.

La odiaba como a la música, porque le abría en canal.

La odiaba como a la lluvia, porque le hacía romper a llorar.

La odiaba como se odian las cosas que te surcan el alma partiéndola a la mitad,

agitando y revolviendo todo, para bien y para mal.

jueves, 17 de abril de 2014

La asíntota de tu indiferencia

Y me encontré en cama ajena, regalando los besos que me sobraron de tu amor, ese que no pude darte y que hasta ayer guardé. Los saqué del cajón de las ausencias, repleto de las tuyas, para entregárselos al mejor postor. Con los ojos cerrados ante los suyos pues tu mirada no se hallaba detrás, ¿para qué mirar? Y, jugando al escondite, jugaba a que te había olvidado aunque con cada caricia que me daba, tu recuerdo volvía a mí y me sentía incompleta. Me incomodaba por igual tanto dar amor como recibirlo sin sentirlo. Yo, que estaba acostumbrada a besarte con la mirada y a abrazarte con sonrisas. A sentir amor sin poder recibirlo ni dártelo. Sus brazos me rodeaban y me sentía presa de aquello que nunca compartí. ¿Dónde estaban los tuyos? ¿Por qué la que me rozaba suavemente no era tu mano? ¿Por qué no era tu voz la que me susurraba? Recuerdo empañarle los ojos con los suspiros que reclamé por ti. Mi dedo índice se paseaba por su espalda pero solo alcanzaba a deletrear tu nombre. Las cuentas no me salían en aquella piel, demasidados lunares para ser tuya. Y me perdí en la asíntota de tu indiferencia, deslizándome por los rincones de tu memoria, esa que ya no tiene sitio para mí, que ya no me recuerda, que te ayuda a olvidar. Esa que me aparta de tu lado y me impide disfrutar...

domingo, 13 de abril de 2014

Cuando el sol se pone


 
Será que no soy como el resto porque prefiero pasear por la playa cuando apenas queda nadie. En esas horas en las que la brisa toma carácter, el sol se pone, la marea se revoluciona, y la noche empieza a caer. Será que me identifico con el mar a esas horas. Disfruto sentándome en una roca mirando al horizonte, sintiéndome pequeña ante la inmensidad del océano, volviéndome algo más vulnerable, humilde e insignificante, desprendiéndome del egocentrismo y del superpoder que nos damos los humanos cuando, en realidad, estamos a merced de la naturaleza. En ese momento me siento en armonía con el mundo, al menos, con ese pedacito de mundo. El mar... Escuchar las olas yendo y viniendo, incitándome a entrar cuando mojan la orilla y advirtiéndome de que no lo haga cuando se adentran en sí mismas. Y las horas pasan muertas. Los pensamientos se agolpan y mi mente viaja de idea a idea sin dar ventaja a alguna de ellas. Sin darme cuenta el sol ya no está y lo agradezco, ya que ha dejado sitio a la luna, esa que tantas noches ha sido testigo de mis textos y sonrío mirándola, cómplices, solo nosotras sabemos lo que oculta la tinta de mi bolígrafo. La miro y me pierdo en ella. Blanca, redonda, pura, luminosa. Qué belleza. Qué atracción por aquello que ilumina mi oscuridad, esa en la que tantas veces me pierdo. Al fin y al cabo, todos buscamos algo así. Y el aire se vuelve frío y siento mi vello erizado y me hace sentir bien. Cuando tenemos la piel así es síntoma de que estamos sintiendo. A veces, esa sensación me teletransporta a otras que he tenido y los recuerdos me invaden. No sé si mi cuerpo estremece por el clima o por el pasado. Y me hago más pequeña aún, pero sonrío. Me pongo en pie y camino por la orilla, bañándome los pies en ese agua que ya está fría, así como no le gusta a nadie, así como me gusta a mí...

viernes, 4 de abril de 2014

Nicotina y menta

Regreso camino a casa con tu mirada clavada en mis pupilas, con tu sabor a nicotina y menta acostado en mi garganta y con tu olor impregnado en cada poro de mi piel, pareciendo que me abrazas con cada soplo de aire, haciendo temblar mis piernas, poniéndomelo más difícil tras cada paso que doy, algo que en realidad me gusta. Al acostarme en la cama, el recuerdo me invade y me teletransporto a la tuya, esa que hace unos minutos ha sido testigo de un instante de perfección. Las sensaciones recorren de nuevo mi cuerpo y una sonrisa juguetona me descubre. Tu brazo está arropándome, acariciándome el pelo, mi cabeza apoyada en tu pecho y mi brazo rodeando tu cintura, en un momento en el que el silencio toma protagonismo porque las palabras son innecesarias cuando los cuerpos están hablando. Involuntariamente abrazo la almohada y el presente me repatria. Abro los ojos pero lo que me veo no me es suficiente si pienso que podría estar mirando los tuyos. Los vuelvo a cerrar y busco la postura idónea para dormir, volviendo tu perfume a mí en cada movimiento que hago, y Morfeo, que es un amante celoso, harto de mis desvelos por ti, me rapta lanzándome al abismo de un sueño en el que espero volver a verte pues conozco tu impaciencia cuando estás sin mí. Rescátame y llévame a dormir contigo, que esta noche no quiero otros brazos.


domingo, 30 de marzo de 2014

A los enamorados de las mujeres perfectas

La otra noche estaba hablando con un tío y le dije que me iba a acostar ya, que era tarde. Me dijo que ojalá pudiera verme dormir, que seguro que parecía un ángel, y que deseaba verme despertar tras una buena noche de sexo con él, que tendría que estar radiante mi cuerpo desnudo y abandonado entre sábanas blancas mientras los rayos de sol entraban por la ventana, haciéndome despertar de quién sabe qué sueño para justo en ese momento besarme con pasión. Y yo me reía tras la pantalla. Cuánto daño ha hecho el cine. Las mujeres no somos las diosas que pensáis, somos humanas. No dormimos como ángeles, también nos movemos, damos patadas, babeamos, roncamos y hablamos en sueños. Después de una buena noche de sexo lo último que están las sábanas es blancas e inmaculadas, pensándolo bien, debería darnos hasta asco con la cantidad de fluidos que se han vertido sobre ellas. No siempre despertamos de buen humor y mucho menos si estamos agotadas por la noche que hemos pasado y el puto sol no hace más que cegarnos. ¿Por qué coño no bajamos las persianas antes de dormir? Y lo mejor de todo es el beso mañanero, lleno también de a saber qué fluidos, olores y sabores. También me decía que tendría que estar guapísima en casa ahora mismo porque la imagen que él tenía es la mía en braguitas sexys, por supuesto, paseándome mientras meneo el culo y una camiseta de tirantes con encaje cubriendo ligeramente mis pechos y cintura. Y yo me reía tras la pantalla. Las chicas así no existen. Ninguna en su sano juicio se pasea por casa de esa forma y mucho menos estando sola. Y ahí me veis, siendo piropeada y esclava de unas expectativas que la sociedad ha instaurado en los cerebros masculinos pues yo chateaba tranquilamente con mi pijama de manga larga, mi moño y mis gafas de pasta. Otra cosa que me dijo ese día fue que las mujeres estamos más guapas con la cara lavada, sin una pizca de maquillaje. Y yo me reía tras la pantalla. Habrás visto tú a muchas mujeres guapas sin maquillar, pensaba. No tenemos el cutis perfecto ni echándonos esas cremas que de forma implícita nos impulsan a comprar para estar bellas. Tenemos marquitas, cicatrices, pecas, lunares, granitos, arrugas..., cien mil defectos en apenas unos centímetros. No nacemos sin pelo, con la piel tersa y los músculos firmes. Por último, me dijo que quería invitarme a comer, que no le importaba el sitio puesto que estaría hermosa hasta en un Döner Kebab. Y yo me descojonaba tras la pantalla. Mira guapo, si tú me ves comiendo un kebab, con la salsa chorreando por mis manos, lamiéndome los dedos, inguyendo para que no se me caiga la carne al plato y con el aliento que queda trás la lechuga y la cebolla picantes, tú hermoso mío, me dejas al instante.



Chicos, que no os engañen. Las chicas perfectas no existen.

Adicciones

Si tuviera que declararme adicta a algo sería a las primeras veces. El primer momento en que conoces a alguien, el primer saludo, la primera mirada, la primera sonrisa, la primera conversación, la primera despedida... Adicta, sobre todo, en el plano íntimo. Cuando acaricias por primera vez a alguien, cuando hueles su colonia, cuando le susurras, cuando le miras, cuando le besas y después de esto le vuelves a mirar y, en apenas unos segundos, ya han cambiado vuestras pupilas y la mirada pasa a ser otra. Nueva fase y otra vez las primeras veces. Me maravilla experimentar, probar, sentir, expresar, descubrir... La vida no es más que un conjunto de experiencias, por eso, cuanto más experimento más viva me siento. Quizá a lo que soy realmente adicta es a la vida o, mejor aún, a la sensación de sentirme viva. Sí, seguramente sea eso. Tal vez esa necesidad surja del pavor a la muerte. Tan solo de pensar que el día menos pensado podría desaparecer del mundo y que después no habría nada más quedando tanto por hacer... Si hay algo característico mío es que siempre me falta tiempo. La vida es muy corta y está mal estructurada. Es probable que por este pensamiento arraigado no me gusten las situaciones en las que siento que mi vida está en peligro. Cada día me siento afortunada por estar viva, por eso no pierdo mucho el tiempo en llantos ni en enfados, no merecen la pena. Tengo mis días tristes como todos, pero de ahí a pasarme la vida como un alma en pena o amargada o quejándome de todo, hay un trecho. Supongo que cuando tomas conciencia de la brevedad de los días empiezas a dar valor a las cosas realmente importantes.


Con quererse no basta

Ella habría querido que cogiera el primer tren y saliera a buscarla, que me plantara en su ciudad con la caja de bombones que le prometí y una sonrisa de oreja a oreja, que cuando la viera por primera vez corriera a abrazarla y le diera un beso de película. Ella habría querido todo eso y mucho más. Ella habría querido que no me apartara nunca de su lado, pero lo hice una vez y me perdonó. Lo hice de nuevo, se enfadó más que la vez anterior, sufrió, me pidió que no lo hiciera nunca más y me perdonó. Lo volví a hacer y me perdonó aunque sentía que estaba echándolo todo a perder. Sin embargo, lo hice otra vez y ya no hubo vuelta atrás. Por primera vez me sentí destrozado. Sabía que se acababa para siempre y que había sido por mi culpa, que me lo avisó, que me dio oportunidades y aún así lo hice, una y otra vez. Supongo que hay cosas que van con nosotros y que no podemos cambiar. Yo la he querido más que a mi propia vida. Qué digo. Yo la quiero más que a nada. Pero ya no me cree. Supongo que no vale la pena dedicar tiempo a pegar los pedazos de algo que está roto. Seguro que aunque lo reconstruyéramos nos faltaría alguna pieza. Ella habría querido que fuera más valiente y que la demostrara con hechos que me importa, pero me quedé en palabras. Como diría ella: "con quererse no basta".

sábado, 29 de marzo de 2014

La felicidad es eso

Tu canción favorita sonando en la radio. Un chocolate caliente. Un buen libro. Una comida en familia. Un mensaje de buenos días. Un reencuentro especial. Una llamada inesperada. Un abrazo. Una sonrisa tras una lágrima. Un cruce de miradas. Un beso robado. Una buena noche de sexo. Escuchar la lluvia de fondo. Arroparse hasta la cabeza con la manta. Un baño en la piscina. Tumbarse en el césped a tomar el sol. Una conversación. Una quedada con amigos. Una caricia que te hace temblar. Un paseo. Un reconocimiento a tu trabajo. Una declaración de amor. Un amanecer. El sonido del viento. Un chiste tonto. Tu película favorita televisada. Esos detalles nos hacen felices de verdad. Así de sencilla es la vida. Aprendamos a disfrutar las pequeñas cosas porque, en realidad, son las más grandes.



La felicidad no es más que un cúmulo de instantes felices

Tíos como tú

¿Sabes qué os pasa a los tíos como tú? Os quedáis solos. Pensáis que vuestros amigos, esos que se comprometen con sus novias al máximo nivel, esos que están enamorados hasta las trancas de ellas, esos que les son fieles y sinceros, os admiran pero no lo hacen en realidad y ellas no están locas por vosotros. Alguna ingenua como yo lo habrá estado pero es algo que dura hasta que abrimos los ojos. Cuando entendemos que somos una vagina con patas para vosotros, inmediantamente os convertís en un pene con patas para nosotras. Yo estaba dispuesta a regalarte lo que rechazas, eso que llaman amor. En el fondo tienes miedo. Lo sé. Bajo tu fachada escondes un corazón frágil. Lo sé. Solo quieres protegerte del daño que te han causado otras veces. Lo sé. No te aferras a nadie porque no quieres verte solo de nuevo. Lo sé. Tienes a disposición a decenas de mujeres, siendo yo tan solo una más. Lo sé. Y aún sabiendo todo esto, estaba dispuesta a darte todo de mí, pero tu actitud de machote me ha hecho despertar. Te has convertido en otro polvo más, cariño. Tan solo eso, un polvo más.

jueves, 27 de marzo de 2014

Free me

Parece que no puedo escribir nada bonito, y muchos menos, divertido. Tengo que estar rota para esparcir por el folio cada pedazo de mí, bañado en rojo por cada puñalada, y convertirlo en párrafos que vomitan con rabia las injusticias del ayer. Pero peor aún es creer que estando mal podré escribir, ya que hay veces que ni con esas puedo. Por si no me hacía el suficiente daño lo primero, me remato con lo segundo. Es como si quisiera sacar fuera todo lo que llevo dentro pero esta agonía que me ata las manos y que, sin embargo, no me amordaza la boca, me lo impidiera. ¿Para qué sellar mis labios? si de estos no saldrá una sola palabra que me delate. Qué cobardía la mía. Qué envidia aquellos que dan la cara. Y yo aquí, tras una puta pantalla, pensando que controlo lo que recito, pero qué va. Yo no elijo lo que escribo, lo que escribo me elige a mí; otro control que se me escapa...

No os creo




A lo mejor soy yo la rara, pero ¿sabéis? No me creo a los que dicen estar enamorados hasta las trancas y en menos de un mes de dejarlo conmigo ya están bien o están con otra. No me creo a los que me dicen que soy lo más importante de su vida y son capaces de alejarse de mí días y días, sin mandarme un mensaje siquiera. No me creo a los que me dicen que harían cualquier cosa por mí y no son capaces de venir a buscarme, de verme, de convencerme para que vuelva a estar con ellos; simplemente, se dan por derrotados y me dejan marchar. Pienso de otra forma. Por ejemplo, si tienes que viajar a cualquier sitio, yo intentaré viajar contigo. Si tienes un problema que no te deja dormir, yo intentaré aguantar despierta. Si tienes dudas, yo intentaré despejártelas. Si algo te preocupa, te intentaré aconsejar de la mejor manera posible. Si me dejas y, realmente me importas, insistiré y haré todo lo posible por recuperarte.

Puede que lo estropee en otros aspectos de una relación, pero hay uno en el que no fallo y ese es estar ahí cuando me necesitan aunque no tuviera que estarlo. Siempre estoy disponible para quien quiero. 

Y si de algo estoy orgullosa es del amor que siento. Cuando digo “te amo” lo digo de verdad. Me tiro años arrastrándolo. Disfrutándolo y sufriéndolo, de más a menos, obviamente. Me acuerdo de esa persona. La echo de menos. Intento verla, la busco, la deseo, la pienso. Estoy para cuando me necesita, aunque no me lo diga, si creo que le hago falta, se lo hago saber. Aunque también tengo defectos amando, no todo es de color rosa, pero esto ya es otro tema que publicaré más adelante.

domingo, 23 de febrero de 2014

2ºA


Echo de menos el cosquilleo estomacal que me provocaba la idea de un posible encuentro entre los dos, como antaño. ¿Dónde han quedado los pasos por las escaleras de esos dos descansillos silenciosos y oscuros, cuya penumbra iluminabas con tu sonrisa o con esos ojos que servían de linterna al mirarme? Extraño oír la puerta del portal abrirse y no encontrarte ahí, con las llaves ya en la mano y tu cabeza fijada al frente, intentando descifrar mi rostro mientras mi cuerpo se balancea más de lo normal cuando te intuye entre las luces y sombras que adornan la escena. Echo en falta la sensación de que el tiempo se pare cuando bajo la rampa que debería llevarme a ti pero, sobre todo, me duele pensar que te hayas ido y que esta esperanza inmortal acabe lamentándose por, una vez más, no haber tenido el coraje suficiente para cogerte del brazo antes de que giraras la esquina y besarte sin más para así decirte con un hecho lo que con palabras soy incapaz. Fiándome de mi intuición, esta me dice que el destino se está divirtiendo mientras juega con nosotros al escondite con la clara intención de que estemos buscándonos sin querer, pero queriéndonos encontrar. Y, como ocurrió veces pasadas, acabaremos chocando piel con piel, sonrisa con sonrisa, mirada con mirada. Y en ese choque volverá a surgir esa chispa que, aunque no llegue nunca a llama, nos hace algo más felices en nuestra rutina vecinal.

sábado, 22 de febrero de 2014

C&E

Si no caes en la tentación es porque no te has cruzado con la persona adecuada. Detener esas ganas primarias, viscerales e irracionales supone un esfuerzo sobrehumano cuando estás tan solo a unos centímetros de esa persona. Y por más que te regodees en la búsqueda incesante de las palabras correctas para intentar frenarlo y poner un toque de cordura, de sensatez o de esa madurez todavía ausente, el lenguaje corporal te delata. Tu boca dice no pero tu mirada suplica que . Ya te dije que yo obedezco a gestos y que puedo detenerme cuando no es recíproco, pero cuando me sonríes de esa forma tan tuya es inevitable que la idea de besarte permanezca en mi mente. Es justo ahí cuando no daré marcha atrás. Parecerá que no quiero, pero provocaré la situación idónea, pronunciaré la palabra adecuada, te dedicaré la mirada exacta y te despejaré cualquier duda con una sonrisa inequívoca. Y es justo ahí cuando no darás marcha atrás. No tendré que lanzarme a tu boca porque he dado todos los pasos necesarios para inculcar en ti ese impulso. Y lo harás. Lo sabes. Lo sé. Lo sabemos. Y el momento será ese.


Segundos más tarde tu boca estará robándome el sabor, tus manos llevándose mi olor y tu mirada descubriendo mi "yo". Milésimas después, estaré sin escapatoria, arrinconada entre la pared y tu cuerpo, abierta, con las bragas empapadas como muestra de la excitación real que me provocas, resultado de ese morbo que pasará de efímero a sólido. ¿Qué mejor demostración que una vagina resbaladiza y palpitante que te pide a base de contracciones más y más? Tus dedos entrarán en mí, controlando mi respiración, adueñándose de mi placer. La jerga del sexo tomará las riendas de nuestras cuerdas vocales y las gargantas expulsarán palabras malsonantes que elevarán la temperatura de esas cuatro paredes. La fuerza de las respiraciones romperá con el silencio de aquel pasillo que serviría de chivo expiatorio. Y en el momento clave donde habrá que tomar la decisión de parar o de seguir hasta el final, la cabeza se enfríará lo suficiente como para pausarlo puesto que continuar sí podría ser un error a falta de los medios necesarios. Así, nuestros cuerpos excitados se distanciarán a regañadientes y, aunque no satisfecha del todo, te observaré fuera del contexto al que me tienes acostumbrada. Una sensación única me invadirá. Me sentiré afortunada por haber presenciado tu transformación y por haber descubierto la confirmación de aquella idea abstracta sobre cómo serías en una situación así. Sin duda, elegiré bien. Una vez más no me equivocaré con el trasfondo de unas pupilas.

jueves, 13 de febrero de 2014

Recaída emocional

Es como si el papel me pidiera que escupiera en él esta infinitud de sentimientos muertos que reviven cada vez que intento cambiar de hoja. Y entre los versos del pasado te hallo. Sigues ahí, mirándome con esa indiferencia diferente tan tuya, tan mía... Te observo distante y pienso que tú has creado este hueco insaciable. Me robaste la mirada chispeante, la sonrisa sincera, el estómago agitado, las rodillas temblorosas, el corazón repleto. Te llevaste mi sueño y me entregaste tu cruda realidad; nefasto intercambio. Me quitaste lo que era mío y te adueñaste de ello. Absorbiste la felicidad y me dejaste un vacío de tristeza. Otra vez hecha pedazos. Recayendo en el error que jamás cometí. Estoy intentando contarte lo que siento pero es difícil si practicas equilibrismo por mis cuerdas vocales y te lanzas al abismo de mi voz esa que, muda, trata de llamarte pero no puede si me asfixias la puta garganta. Tu ausencia no me llena, pero tu presencia me vacía. ¿Qué hacer? Me conformo con barnizar estas frases con tu aroma prohibido para que huelan a lo que siempre pudo ser pero que nunca ha sido. 


martes, 4 de febrero de 2014

My mind is my weapon


Quizá la mayor parte de mis éxitos y fracasos vengan marcados por mi mente. Aún no la conozco como me gustaría, pero cuando baja las defensas, me permite vislumbrarla e intuir su aspecto psicológico. 

Si tuviera que definirla con una palabra diría que mi mente es obstinada. No sé quién controla a quién. Algunas veces recibo sus golpes de dureza y, otras, sus caricias de dulzura. Aunque cuando más disfruto es cuando creo que soy la directora de orquesta y que manipulo a la perfección mis pensamientos para que mi cabeza sepa quién dirige y me obedezca y después, como jefa de segundo orden, mande al resto de cuerpo. La idea de tener el control de todo lo que ocurre es una necesidad.

Mi mente es aquella que me hace creer que apenas tengo límites, que puedo con lo que venga, que soy capaz de todo, que conseguiría lo que me propusiera. Hay momentos en los que sobrevolar el cielo viene bien, aunque hay otros en los que la caída te deja dañada durante demasiado tiempo y cuesta más recolocarse las alas de la confianza. Mi mente es también aquella que se empeña en alcanzar lo que está al alcance de pocos. Se alimenta de retos. Retos complicados. Retos muy difíciles que me obligan a ser la mejor versión de mí misma para tan solo poder despegar de la línea de salida. Y se obceca con alcanzar la meta aunque apenas la vislumbre en el horizonte. Cueste lo que cueste. Si cree que vale la pena, me incita a no parar. A luchar. Ni siquiera cuando digo que me rindo, soy capaz de hacerlo. Me cuesta horrores detenerme y dar por hecho que no puedo llegar hasta el final del meollo; tener que situar un escalón por debajo las autoexpectativas. Darle la razón a otra cosa que no sea a ella. Mi mente me tortura y me salva. Me envenena para después curarme. Mi mente me exige la excelencia. Me induce a ser competitiva, ambiciosa, sobresaliente, exigente, a no ser una más, a destacar. Mi mente acepta a regañadientes los "no" que me responde la vida. Mi mente es curiosa, es misteriosa, es un remanso de paz y un jodido caos. Mi mente se asemeja a mi habitación en época de éxamenes. O tienes muy claras las cosas, o tanta información solo te aporta más incertidumbre y con ello, inseguridad y temor. Mi mente es aquella que me discute todo y que genera debates internos cada vez que pienso. Mi mente necesita su tiempo y su espacio. No le gustan las prisas. Ni las presiones externas. Sabe lo que tiene que hacer, no necesita que se lo digan. Es autónoma. Siempre quiere más. Lo desea todo. Para ella nunca es suficiente. Persigue imposibles sabiendo que jamás los alcanzará, pero es su forma de entender la vida, la manera que tiene de ser mejor cada día. De avanzar y no detenerse nunca. Bendita puta cabeza... 

Como decía al principio, mi mente es mi arma. Una de doble filo. Un arma puede salvarte, pero también puede jugarte una mala pasada cuando se vuelve contra ti. Puede ser un error, pero también un acierto, un peligro, pero también una salvación.

Esta cabecita pensante tiene sus virtudes y defectos, pero no la cambio por otra. Me gusta que sea así.

domingo, 26 de enero de 2014

R~

Viniste cuando más falta hacías. Un regalo caído en el momento justo. En el mes que siempre quise. Naciste como te imaginaba y estás creciendo según idee. Es una sensación maravillosa. Acertar intuyendo. Pálpitos que se convierten en certezas. Como si ya te conociera antes de nacer.  Después de tus padres, fui la primera en verte. Busqué tus ojos y te observé anonadada. No me terminaba de creer que ya estuvieras ahí. Tía, con 18 años, ¿en serio?. Qué torpe me sentía. Insegura como casi siempre. Te arropaba con la manta mientras te alimentabas, casi sin tocarte. Qué frágil parecías. Qué chiquitín. Qué indefenso. Qué vulnerable. Qué responsabilidad. Desde el primer momento captaste mi atención y desde entonces soy incapaz de quitarte la mirada. No te puedes imaginar lo que te llegamos a querer, enano.


¿Sabes?  Sé que no eres consciente de ello, quizá algún día, cuando seas más mayor, te lo cuente o, tal vez, no. Ya se verá. Aún queda mucho para que crezcas. La cuestión es que nos haces felices. Puede que yo necesitara algo así en mi vida, pero estoy segura de que tu mamá y tu papá sí lo necesitaban. No te puedes hacer una idea lo que han luchado por traerte a este mundo. 



¿Sabes qué, también?. A lo mejor son mis ganas, pero nos parecemos en muchas cosas. Al igual que en tu caso, antes de mí había otro bebé que se estaba formando pero que no pudo nacer. Y una vez que estábamos a punto de salir, casi no salimos. ¿Qué te parece?. Pero no somos de rendimos ¿verdad?. Teníamos que estar en este mundo.


Además, siento que me entiendes cuando nos miramos. Veo tus gestos y no puedo evitar sonreír. Conozco cada una de tus expresiones. Cuando ves algo nuevo y lo observas con tus ojos profundos, intentando descifrar ese mensaje que aún no entiendes. Cuando alguien con quien no tratas a diario se te acerca y le frunces el ceño, apretando la boca. Cuando te ausentas del mundo con tu mirada perdida que parece buscar respuestas. Cuando nos ponemos frente al espejo y miras con cara de sorpresa. Cuando me acerco a ti hablándote con voz estúpida de tía enamorada de su sobrino y te pones nervioso, agitando las piernas, moviendo los brazos y haciendo ruidos con la boca como si quisieras decirme algo. Cuando te digo lo adorable que eres y me sonríes y después me apartas la mirada de la vergüenza que te da y una vez que dejo de hablarte, me vuelves a mirar. Cuando los demás no te dejan dormir y me acerco sigilosa a tu carro, te acaricio la tripa o agarras mi dedo, te miro a los ojos e intento trasmitirte la paz que tú me provocas. Cuando te canto, te susurro o simplemente te miro. No tienes pinta de ser muy hablador. Creo que nos entendemos bien con las miradas. Eres de los míos. Y después de eso, caes rendido y te duermes con esa cara de angelito. ¿Cómo una cosita tan pequeña me puede hacer sentir tan grande?. Y te observo desde ahí, desde arriba, y pienso en la envidia que me das. Cuánta pureza. Cuánta inocencia. Cuánta belleza reúnes en ese momento. Qué bonito todo lo que provocas sin querer. Cuánta felicidad repartes. Me encanta ver así a tu abuela. Tú existencia es la mejor terapia. Se la ve contenta, ¿sabes?. Con ilusión. Hacía tanto que no la veía así… Años. Y a mí me hace sentir mejor. El mundo parece menos malo desde que tú formas parte de él. Y bueno, a tu tío… perdónale porque no sabe lo que hace. Parece siempre el más inmune pero estoy casi segura de que es solo fachada y de que es el que más trato necesita. Y nuestra familia… bueno, es distinta, complicada, no será la ideal pero te aseguro que todos te queríamos aquí. La psicología te hace juzgar mucho menos y reflexionar mucho más.


El primer texto que escribo llorando, ¿te parecerá bonito?. Ni los chicos de los que me he enamorado lo han conseguido. Pero claro,  es que detrás de ti hay tanta historia… Podría escribir un libro solo de esto.


Y ahora que no me entiendes, voy a aprovechar para decirte que siempre voy de tía dura (y ahora más que ya es un título oficial) pero contigo se me desbordan los sentimientos. Eres increíble. ¡Hasta el llanto lo tienes bonito!. También quiero decirte que no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida, pero sé que si algún día te fallara no me lo perdonaría. Eso seguro. Desde el primer día estuve a tu lado y lo pienso estar hasta el último. Me da igual lo que tenga que dejar por el camino, pero de ti no me alejo ni aunque me obliguen. Quiero hacer las cosas bien contigo. Y las voy a hacer. Cueste lo que cueste. Sé que saldrá bien. Sé que nos entenderemos. Sé que confiaremos el uno en el otro. Voy a estar siempre ahí, te lo juro.