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martes, 7 de noviembre de 2017

Madrugadas nítidas que revelan tu rostro

 "Vuelves a mí
porque el asesino 
siempre vuelve
al lugar del crimen."



Esta noche el pasado vino a buscarme a la cama. Me escribió en las líneas de la mano tus coordenadas y mis pies indómitos echaron a correr. Te vi abriéndome las puertas de tu vida y entré tambaleándome sobre tu sonrisa. Tropecé un par de veces más con tus ojos, pero te agachaste a recogerme del suelo y me aferré a tu mano. Te miraba de reojo mientras andábamos, y ya no medías tanto como antes; tus pupilas quedaban a la altura de las mías.

Hemos recorrido los caminos que me llevaban a ti y esta vez eras tú quien me llevaba. Ha sido raro, como volver a la casa donde te has criado y encontrarla vacía. Tu mano apretaba la mía, pero por la mía no bombeaba la sangre, era como si no me perteneciera. ¿Sabes cuando se te duerme una parte del cuerpo? Creo que a mi corazón le ha pasado lo mismo. Tú, al contrario, pareces tener el huracán Katrina dentro y arrasas con los recuerdos. Me dices que tus cicatrices son anónimas porque no merece la pena llevar grabados los daños. Yo te miro cohibida y sonrío tímidamente mientras bajo la manga de la sudadera para que no veas escrito el tuyo. Descendemos por unas escaleras que tienen nuestra historia escrita en los peldaños y nos sentamos en el último, quién sabe si con el propósito de ponerle fin. Me preguntas por estos años, cómo me va la vida, si estoy trabajando, qué tal mi familia... Aunque se te olvida lo más importante; supongo que hacen falta un par de cucharadas más de coraje. Te contesto las palabras que tus oídos me piden y en mitad del ruido, me preguntas si ya te he olvidado. Un silencio mutilado se adueña de mi garganta, entonces acaricias mi rodilla, y me miras como esperando una respuesta. Mis ojos dibujan en el suelo la palabra "sí" y sonríes. Ojalá hubieras hecho tú lo mismo años atrás. Supongo que ésa era la afirmación que necesitabas para romperte los grilletes. Si te vale de consuelo, yo también he sentido algo romperse, un segundo después. 

Me tomas de la mano, nos exhibes por la calle y me adentras en las cuatro paredes de tu casa. Conozco a tu pareja, a tu perro y la cama donde el pasado vino a buscarme, donde duermes tú, donde yacemos nosotros desde este preciso instante. Sólo te pido que no te la folles ahí y respetes mi cadáver.

Atentamente, 
la chica que durante seis años sólo quiso hacerte feliz.

lunes, 23 de octubre de 2017

Las personas duelen

Para sobrevivir en esta vida, hay que estar un poco muerta. 
Y ni siquiera decirme esta verdad al espejo, me entristece. 
Creo que, al fin, le he cogido el truco.

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domingo, 27 de agosto de 2017

Cómo hacer que vuelvas...

Canción disponible en Youtube

Tengo un hueco en los ojos donde encaja tu perfil, 
seis palacios esperando a que vuelvas, 
veinte tardes de domingo diseñadas para ti 
y un ejército de besos en la puerta.
Tengo todas las palabras que no dije en el salón, 
las ciudades donde nunca fui contigo, 
quién no tiene mil promesas cuando ya no queda opción 
y quién cumple al final lo prometido...
Mala idea es abrir el corazón 
cuando viene a por nosotros el olvido. 

Cómo hacer que vuelvas 
si la urgencia que ahora siento por tu boca 
durará dos bailes y se marchará
cuando el suelo esté cubierto con tu ropa. 
Cómo hacer que vuelvas

si ayer eché a patadas a Cupido 
y hoy me muero por volver a respirar 
todo el aire que atraviesa tu vestido... 
Cómo hacer que vuelvas...


Es normal que no me creas si tan sólo empiezo a arder 
cuando mi contestador está vacío. 
Siempre quiero ir a la luna cuando ya ha pasado el tren, 
cuando siento que la nave ya ha partido .
Y no hay forma de explicarlo ni tampoco de entender 
que si no es difícil nunca va conmigo. 
Siempre suelo complicarlo cada vez que tengo sed 
lo que no tengo es valor de abrir el grifo... 
Mala idea es abrir el corazón 
cuando viene a por nosotros el olvido. 

Y cómo hacer que vuelvas 
si la urgencia que ahora siento por tu boca 
durará dos bailes y se marchará 
cuando el suelo esté cubierto con tu ropa. 
Cómo hacer que vuelvas 
si ayer eché a patadas a Cupido 
y hoy me muero por volver a respirar 
todo el aire que atraviesa tu vestido... 
Y cómo rebobinar.
Cómo vas a volver si al subir al tren yo siempre descarrilo.
Cómo rebobinar,
Cómo vas a volver si jamás te he dado más de lo que pido.

Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...

Cómo hacer que vuelvas 
si la urgencia que ahora siento por tu boca 
durará dos bailes y se marchará 
cuando el suelo esté cubierto con tu ropa. 
Cómo hacer que vuelvas 
si ayer eché a patadas a Cupido 
y hoy me muero por volver a respirar 
todo el aire que atraviesa tu vestido... 

Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...
Cómo hacer que vuelvas...


viernes, 19 de mayo de 2017

Origen


La mano que no cogí,
el abrazo que no pude dar, 
el fruto prohibido que no mordí,
el sentimiento que no declaré, 
el te quiero que no supe pronunciar, 
el beso que no me atreví a dar, 
la llamada que no hice, 
el adiós que no supe decir, 
el coraje que nunca tuve...

El error que jamás cometí.

viernes, 21 de abril de 2017

Tarde

Entre la humareda, aparece su figura para guiñarme un ojo, con esa asquerosa seguridad que la caracteriza. Como si con una propuesta le valiera para tenerme. Y la verdad es que algo de razón lleva porque el miedo se apodera de mis pupilas, que tiemblan con cada paso que da. Juro que en este instante, me encantaría acercarme y partirle la boca en cien mil besos con sabor a rencor y nostalgia, pero, sobre todo, con sabor a pasado. Le haría añicos la ropa y pedazos el pecho para que al menos, un abrazo mío le valiera como excusa contra el frío y la soledad. Me encantaría abofetearle la mirada hasta sacudir de ella las esperanzas que un día colocó sobre el cielo de Madrid para que así, al caer, se le clavaran las puntas. Ojalá al mirarla pudiera ensuciar sus tripas con mariposas que acaban de nacer, como hizo ella cuando la conocí.

Tenerla de nuevo, ahí, tan cerca, me vuelve loco. Quiero que entre en mí y que seamos uno. Deseo probarla como siempre, como nunca antes. Saborearla, olerla, esnifarme sus dudas, que convenza a las mías. Aunque sé que no es buena opción. Que nadie recomienda engancharse a aquello que te hace daño. Pero nunca me ha gustado aceptar consejos de otros.

Tanto tiempo la he necesitado. Tanto... 
Tanto tiempo me ha tenido. Tanto... 
Que ahora parece que no sé vivir sin ella. 
Sin su frenesí, su lujuria, su paciencia, su manera de inspirar, su cura a mi locura, sus ganas de vivir, de experimentar. Parece imposible que detrás de una piel tan pura, se halle tanta maldad.

Recuerdo que me tenía envenenado. Y que yo me la pinchaba en vena. Y que además, sonreía porque ella me daba su calor, a pesar de tener los pies fríos hasta en verano.

Ella. Tan natural como el caos. Tan caótica como la naturaleza. Viene, de nuevo, a por mí, Yo me quedo quieto.

Lo mejor es que sólo me quedan unos segundos hasta que me alcance. Pero no os preocupéis; éste será el último tiro, porque he aprendido a quererme, pero a destiempo.

jueves, 9 de marzo de 2017

Confesiones

Ni puta ni santa. No soy de extremos, sino de picos. Ya sabes, puta cuando puedo, santa cuando debo. Soy esclava de mi mente, paradójico en una psicóloga. Muchas noches no puedo dormir. A veces, ni la televisión puede atontarme la cabeza lo suficiente para descansar. Siempre estoy cansada. Nací cansada, vivo cansada y moriré de cansancio. Al principio todo me da pereza, pero luego me cuesta parar. Lo mismo en el amor. Llevo desde los 9 años involucrada en relaciones. Mi primer beso fue con esa edad, con mi primer novio y fui yo la que dio el paso. Sin embargo, el 90% de besos restantes los he recibido, tras haberlos provocado. Me encanta poner a la gente a prueba. Me fascina ver hasta dónde puede llegar un tío. Me gusta más la situación de tonteo que el hecho de follar en sí. Los tíos no son penes con patas. El sexo para mí es otra cosa. Si quiero meterme una polla, me la compro. No me gusta "hacer el amor". Me gusta follar. El amor se hace día a día con los pequeños detalles. El tamaño importa. No me gustan las despedidas, pero odio los finales abiertos. Me incomoda la incertidumbre, así que necesito tener el control de las cosas. Tengo rumiaciones constantes, las uñas mordidas, heridas en los dedos, migraña e insomnio puntual. Interiorizo casi todo lo que me pasa por no hacer daño a los demás. Todos los días me duele alguna parte del cuerpo. Como chocolate varias veces al día, creo que soy adicta. Soy muy celosa a nivel irracional, aunque razonando no mucho. Siento que dentro de mí conviven dos personas y que una de ellas casi nunca se deja ver por miedo. Me gustaría ser más valiente, pero no me sale. No soy muy sociable con la gente. De hecho, exterminaría al 70% de la raza humana. Cada vez tengo menos esperanza en la sociedad. Antes sólo me fiaba de mí misma, ahora ni eso. Me siento diferente. Me encanta salirme de estereotipos. Soy futbolera y futbolista desde que tengo memoria. Y sí, también leo y escribo poesía. A veces, me pongo cachonda con un "te quiero" y me emociono con sexo hardcore. No sé controlar mis emociones. Soy muy sensible aunque lo intente disimular. Cuando me enfado de verdad suelo quedarme callada porque soy incapaz de expresar lo que me pasa sin llorar. No sé hablar cuando lloro. A veces, siento que tengo un mantial indomable dentro. También me considero risueña, aunque casi siempre tenga cara seria. Me gusta estar sola. Paso la mayor parte del tiempo sumergida en mis pensamientos. Tengo un mundo interior propio por explorar. Considero que tendré éxito en mi profesión a pesar de todo. Lo que menos soporto en esta vida es que se pierda el tiempo, por eso casi siempre estoy haciendo cosas útiles. Me cuesta mucho desconectar. Y sí, el agotamiento físico es la mejor forma para conseguirlo. También que me cambien los esquemas, por eso muchas veces necesito un "córrete, puta" y un "fóllame, cabrón". Conciencia versus apetencia. Así, todos los días de mi vida.

viernes, 28 de octubre de 2016

Somos lo que el miedo nos permite ser

- No puedo, tengo vértigo -dijo mirando al frente.
- Claro que puedes. Sólo es un salto -contesté.
- Hay demasiada altura. Si lo hago mal, puede que no haya vuelta atrás -su cuerpo parecía hormigón.
- No importa la altura. Tienes que saltar y esperar que, cuando caigas, te salgan alas -clavé mi mirada en su rostro de perfil -. Vamos, confía en ti.
- Confío en mí, pero esto es una tontería. Es la forma más estúpida que conozco de hacerme daño -hizo un amago de dar un paso atrás.
- Es tu miedo el que habla por ti. ¿No entiendes que siempre te vas a dañar si no confias en ti misma? No puedes vivir a la espera de que alguien te dé el impulso. El salto está en ti y si no saltas, no vas a dar un paso hacia delante nunca más.
- ¿Para qué quiero avanzar si después caeré? -sus pulsaciones se agitaban.
- A veces sólo salimos a flote cuando vemos de cerca el abismo. Entonces, como por arte de magia, algo crece en nosotros en el último segundo y conseguimos despegar. Es hora de que lo sientas -puse mis manos en su espalda.
- ¿Vas a empujarme? -su voz tiritaba de miedo.
- No. Eres tú la que va a saltar, yo soy voy a darte mi apoyo -apreté mis dedos contra sus costillas y saltó. 
- ¡¡Lo conseguí!! ¡¡Estoy volando!! -gritaban sus pulmones desde arriba mientras yo me alejaba satisfecho.



- ¡Eh! ¡Espera! ¡No te vayas! ¿Cómo puedo bajarme de aquí? ¡Te necesito!
- Tú procura disfrutar del viaje que ya la vida se encargará de que tropieces y caigas y entonces, sólo entonces, nos volveremos a ver.
- ¿Y si consigo dominar el vuelo y nunca caigo?
- Cariño, volar es un arte efímero. Todos caemos. Y tú caerás también. Pero no te preocupes, ya sabes lo que tienes que hacer. Tú sólo salta y confía -guiñé el ojo y me fui.

martes, 27 de septiembre de 2016

A ti, que sabes de sobra quién eres...



Te prometo que he tenido que levantarme de la cama para escribir(te) esto. No he podido tener un pensamiento y soltarlo en el móvil como otras noches años atrás. Necesitaba levantarme y tú me has dado el impulso.

Llevo una hora y cuarto pensando en ti. Me duele decirlo por lo que conlleva, pero quiero ser sincera conmigo misma después de tantos meses. UNA HORA Y CUARTO pensando en ti. Es la segunda vez que lo hago en el día. La primera vez fue más inocente, una simple imagen tuya por un pasillo, una sonrisa en las costillas y de vuelta a clase. Esta segunda ha tenido mayor impacto. Te echo de menos.

Qué jodidos son los comienzos. Sobre todo si comienzas una historia que está por escribir en el mismo sitio donde otra historia se escribió. QUÉ JODIDO.

Una hora y veinte pensando en ti y aún no sé si necesito salir corriendo, llorar, masturbarme o buscarte. No te voy a engañar. La primera idea era correrme con nuestra imagen, pero en vez de mancharla de sexo, la han salpicado montones de recuerdos. Se me habían olvidado tantas cosas... que tres años parecían apenas un mes, así que tuve que leernos. QUÉ BONITO. En serio, no recordaba lo especial que era todo. Absolutamente todo. Tan bonito que me he sentido como en aquellos momentos. Las mismas palpitaciones, el sudor frío, las manos heladas, las mejillas ardiendo, la debilidad en las piernas. Y me ha entrado un miedo horrible. Y una felicidad inmensa, eso también. QUÉ BONITO. Lo que no recordaba es que tan sólo un mes después tuviéramos tanta confianza y cuando digo "tanta", sabes a lo que me refiero. Yo siempre me sentí diferente y tú lo reafirmaste. Para mí siempre fuiste especial. Creo que mañana me dedicaré a idealizar cómo habríamos funcionado en la misma época, con la misma edad o parecida, en otra circunstancia. Por hoy ya he tenido bastante aunque no tenga nada de ti. Sólo fechas, horas, palabras, recuerdos... Luego, no voy a mentirte, no podía estirarme. Necesitaba estar encogida en la cama leyéndonos. Supongo que desde el primer día, cada vez que algo tuyo me rodeaba, algo en mí se encogía. Después, los correos se acabaron y vinieron las imágenes más grises. La parte fea de la historia. Lo que no querría que hubiera pasado. El error. Y, sí... he llorado, en silencio y sin querer, no he podido controlarlo.

Ojalá hubiera sido diferente. A día de hoy sigo sin saber quién ha salido más perjudicado. Imagino que tú, pero créeme que no lo tengo fácil porque te pienso más de lo que debería. Lo que debería, lo que deberías, lo que deberíamos... ya sabes el resto.

Es una pena que todo haya acabado y la forma en que lo hizo. La penúltima vez que te vi, ibas acompañado de una mujer, me viste y me quitaste la mirada para que no te saludara. ¿De qué tienes miedo? ¿No confías en mí a estas alturas? Yo no te traicionaría (aunque sea escorpio)... La última vez que te vi, yo era la acompañada, y tú sonreíste y me guiñaste un ojo, como si nada, pero era tarde... ¿Qué sentido tenía si no te fías de mí? O quizás no te fiabas de ti en aquel momento...

Aun así, me encantaría poder verte y saber de ti. Sin doble intención. Sólo eso. Hablar. De verdad me interesas, no es sólo algo sexual. Yo, voy a intentar ser fuerte y aguantar sin buscarte el año y medio que me queda allí. No por mí, sino por... ¿ti? Sólo sé que si decides buscarme me vas a encontrar. Yo sigo aquí, aunque pasen los años. 21-A tardes. Cuando la casualidad no acompaña, se causa.

Me acuesto de nuevo, pensando en ti, que sabes de sobra quién eres..., pensando en mí, que sé de sobra quién soy.., deseando que me sigas leyendo (confío en que sí) y que, por fin, me des una respuesta. Te espero.

domingo, 7 de agosto de 2016

Sincericidio

Entraba en la casa como un vendaval, húmedo y arrollador, dejando a su paso sillas, cojines, ropa y sábanas. Arrasaba con todo lo que pillaba, excepto conmigo. Quizá por eso venía cada dos por tres, con la estúpida ilusión de que algún día conseguiría acabar con nosotros para así, poder salvarse él. No lo había conseguido hasta el momento. Cuando menos se lo esperaba, acababa hundido entre mis piernas, buceando en mis océanos con sabor a sal, a olas, a marea, a bandera amarilla. Por momentos, mi naturaleza se apiadaba de él y le dejaba a salvo en la orilla, boqueando como un pez indefenso al que sacan de su lugar de origen, pero entonces regresaba, tan masoca, y se jugaba la vida en un colchón de 150. Un sinfín de vueltas, de posturas, de gemidos, de súplicas y de órdenes nos rodeaban. Me encantaba darle placer, pero disfrutaba quitándoselo. El típico juego de Tuyo, mío que mantiene viva la llama. Tenía un pánico horrible a besarle dulcemente y convertirnos en ceniza. Me lo tenía prohibido (y él también). Sabíamos que el primero que inclina la rodilla y se sincera es el primero que acaba herido, por eso nunca me arrodillaba a chupársela (ni él a comérmelo). Lo demás estaba permitido. Todo tipo de cerdadas, de obscenidades, de perversiones, peticiones y retos. Siempre era así. Era una relación de extremos, de todo o nada, de te follo o me voy, de me follas o te vas. No había sentimientos. Sólo palpitaban los genitales, su polla en mi culo, mi coño en sus dedos. A veces creo que hundíamos tanto la boca en nuestros rincones tan sólo para evitar hablar de algo más profundo; bastaba con sentirlo. 


Con el paso de los días, las miradas al móvil eran más frecuentes, al igual que los pensamientos, las fantasías, los miedos, las sensaciones. Alguna vez se nos escapaba un beso entre orgasmo y orgasmo y hacíamos como si no hubiera pasado. Siempre el miedo. En otras ocasiones, las caricias sustituían a las cachetadas y nos entraban ganas de amputarnos las manos. Íbamos cuesta abajo y sin frenos. A veces, nuestros brazos se rodeaban y ya no parecían el cuerpo de un serpiente. Se estaba a gusto ahí dentro, sobre todo cuando los ojos dejaban de clavarse para empezar a brillar. 

Un día de esos en los que el sol entra por la ventana (o por la puerta) y lo deslumbra todo, me encontró mirando las fotos que le hacía alguna noche que, despistado, se quedaba dormido en mi habitación. Confuso, se acercó, tomó una y me miró con una frialdad que escarchaba los cristales. Yo, entre tartamudeos e intentos de decir algo acertado, no paraba de mirarle. El miedo penetraba por mis carnes. El pánico se adueñaba de mis tripas. La incertidumbre del pecho. Rompió la foto a la mitad que nos separaba, y la tiró al suelo. "Se acabó". Nunca un portazo había resonado tanto en la casa. "Te quiero" -susurré mirando hacia la puerta.

A los tres días, sonó el timbre. Miré por la mirilla. Era él. Abrí la puerta, dio dos pasos hasta abrazarme y dijo: "yo también". 

martes, 12 de enero de 2016

Canción de martes 12

Sé que te echaré de menos siempre
y me lo callaré
y no pienso decir nada,
no sé si por orgullo 
o porque aunque te quiera,
sé de tus putadas,
de tus jugadas.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Jodido

Existen pocas sensaciones peores que sentir que vas a fallarte a ti misma. Empiezas a poner en duda tu capacidad, tu valor, tu personalidad, tu fuerza...

"No pretendas que salga bien" - te susurra el incosnciente cada vez que vuelves a intentarlo. Cada repetición se tumba en tus hombros y va costando más caminar con la cabeza alta.

La derrota se palpa con los dedos. Desde aquí se puede oler el fracaso. Pierdes el pulso contra el destino. Loquedebeser te está ganando la partida y lo sabes. Y la certeza te coge por la garganta y no tienes fuerzas para soltarte de ahí.

"Todo lo que haces es una mierda" - grita la razón cada vez que lo intentas. Una tras otra, se van repitiendo esas frases y cuando quieras darte cuenta, estás bajo su pisada.

Minúscula, insignificante, mediocre, normal. Te sientes mal contigo misma y buscas la evasión. Una forma de rellenar tu tiempo y no sentirte tan mal. Que las excusas te den la mano y protejan tus espaldas. Que sientas que haces algo más útil y justifiques cada cobardía anclada en la mirada.
.
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.
.
.
Sé que he perdido mi mayor valía. La capacidad de ser creativa sin serlo. Igual fue un espejismo. Igual es que dependo de una vida de mierda para ser alguien. Quizás he aprendido a quererme. A no cortarme las venas con los versos. A aflojar la cuerda de la garganta. A pensar en rosa. A sentirme mejor conmigo misma. O quizás ésa es la excusa que me mantiene viva. No sé.

Lo único claro es que lo que escribo no vale para nada, ni siquiera esto.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Errando

Caemos en lo más hondo de nosotros mismos. Tú en mis bragas. Yo en tu bragueta. Te empapas los dedos en nostalgia y yo me trago los errores que sigo cometiendo. Las ganas viscerales se adueñan de nuestras bocas y sueltan con rabia dentelladas que nos marcan y hacen daño.

Tu polla me duele en el vientre. No por su tamaño. Sí por lo que implica. Sigo clavada en el mismo mástil y no hay tormenta que me devuelva a la orilla. Mi pecho tiene fobia al mar y tus lágrimas no dejan de resbalarse por mis mejillas. Te duelen mis tetas. No por su peso. Sí por lo que implican.

Pones tu vida patas arriba. Y la mía. Y a mí. Y follamos sabiendo que en unos minutos lo estaremos lamentando. Pero lo hacemos. Y lo disfrutamos. Nos sentimos vivos. Nos evadimos del puto reloj que solo sabe girar y girar aunque parezca que lleva años señalando la misma hora. La de la rutina. La de los deseos calmados. La de las manos que recorren la piel de memoria. La de párpados cerrados que no se abren porque ya lo han visto todo. La de las ganas de tener una vida normal. La de ser normales. Le doy la espalda al amor a fuego lento y ardo sobre ti. Tus dedos avivan a una entrepierna en llamas. La apagas en unos segundos y soltamos un último gemido. Quién sabe si de placer o de pena.

Pensábamos que acostándonos, íbamos a destrozar lo que tanto nos costó forjar en otra cama. Lo que no sabíamos es que las cosas estaban rotas desde mucho antes. Incluso antes de tener ese pensamiento y de llevarlo a cabo.
 

Que éramos dos suicidas que buscaban la forma menos dolorosa de morir. Y que regresamos a casa, como el preso que camina a la silla eléctrica, perfectamente consciente de su final.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Deporte

Subirme el pantalón. Ponerme la camiseta. Abrocharme las botas. Colocar el balón en el punto de penalti y reventar la portería. No meterla. Golpear la pared o el palo, o el puto larguero. Pero que no entre. Que me cabree e incite a más. Que me haga enrabietarme del todo. Que me ayude a sacar la impotencia. Y cuando entre el balón en la red, tirarme al suelo a hacer abdominales hasta que me duela respirar el poco aire que me entra. Superar la puta angustia. Aprender de alguna forma. Desgastarme físicamente para dejarme la mente sin fuerzas. Batirme en duelo con el puto intelecto. Darme la vuelta y hacer flexiones. Enseñar los dientes en cada bajada. Gruñir en cada subida. Sentir mis músculos temblar hasta la fatiga. Reventarlos. Joder, que aprenda el puto cuerpo a sufrir. Que sepa lo que duele el daño y más si te lo hacen adrede. Ver las gotas de sudor caer al suelo. Girar y volver a los abdominales. Sin olvidar ninguna parte del cuerpo. Que todo duela. Que los tendones te recuerden el daño que les haces y así sentirte en armonía con el mundo. Que le jodan a todo. Que la fatiga me sobrecargue los músculos. Que el agotamiento me ponga sangre en la garganta. Que el cansancio me nuble la vista. A ver si así consigo, durante unos minutos, no ver la puta realidad. 


viernes, 11 de septiembre de 2015

Luchando

Tirarme en paracaídas desde un avión. Hacer puenting. Poner el coche a doscientos. Hacer ejercicio hasta que me duela respirar. Sobrepasar mis límites. Sentir miedo, temor, pánico, dolor, angustia. Eso es lo que me pide el cuerpo cuando estoy jodida. Cuando el valor de las cosas decae, cuando la vida se destiñe y los días solo son losas sobre las que caminas. Es una putada sentirse así. Creer que no importa tanto lo que te pase. Y entonces tener valor para arriesgar. Saltar desde un puto barranco y pensar: "¿qué más da si no vuelvo?" O esperar que el dolor físico alivie el mental. Machacarte los músculos o inflamarte los tendones para despistar al puto pecho izquierdo. Jadear. Gruñir. Gritar. Aliviar la rabia. Soltar la impotencia. Expulsar el rencor. Romper a llorar viendo como el corazón se parte en añicos y se te clavan en las entrañas. Y ciertamente, ese dolor es menor que cuando está entero pero lleno de grietas.

No hay piel que soporte que te quedes quieta mientras te vas rompiendo.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Podría

Podría contarte los lunares que te he besado y recitarte los que quedan en mi lista de cosas pendientes.

Podría calcular el grado de elevación exacto de las comisuras de tus labios cuando digo "te amo".

Podría decirte que tienes tres tonos diferences de pelo, pero que el más sexy es el que tiñe de blanco tu sabiduría.

Podría abrazar cada noche que hemos pasado juntos, aunque fuera en camas separadas.

Podría besarte cada mensaje de buenos días y lamer cada uno de buenas noches.

Podría confesarte que sé con precisión qué movimiento hará que te endurezcas, por dentro y por fuera.

Podría entender que quieras más de mí porque ese todo que cada día te doy, crece tras veinticuatro horas.

Podría saborear tus verdades y coserme la confianza en el pecho izquierdo.

Podría tatuarme nuestro futuro sin saber qué colores utilizar pero sí quiénes aparecen de la mano.

Podría criticar cada uno de tus gustos para lanzarle un guiño a la diferencia que nos hace distintos.



Podría analizar tu forma de entender la vida, pero prefiero compartirla.

Podría dejar que dirigieras mi vida, pero prefieres compartirla.

Podría morderte la clavícula y mandar a tu espalda cada palabra que escribo.

Sobre la felicidad

He llegado a la conclusión de que la felicidad reside en la armonía. Y es que, no es cuestión de desfasarse, ni de vivir un montón de aventuras, ni de pasarte por la piedra a todo lo que se mueve por tu alrededor, ni siquiera cruzarse dos continentes en la misma semana o saltar desde un avión. Es más sencillo.

Para mí, la felicidad es aquello formado por la confianza, el amor, la honestidad y la superación. Si tengo una persona en la que puedo confiar ciegamente, además de confiar en mí misma. Si a eso añado a alguien que me quiere y a quien quiero, y además me quiero a mí misma. Si también me relaciono con alguien honesto y puedo ser honesta conmigo misma. Si además, esa persona y yo intentamos superarnos, ser cada vez más, formar mejor equipo y también intento avanzar por mi cuenta, evolucionar como persona y crecer, me siento feliz.

La felicidad no es una meta, si siquiera un camino, es un estado, una forma de entender la vida, una parte que va unida a ti.


Y cuando la alcanzas, no quieres separarte de ella. Solamente tienes ganas de ser más feliz.


viernes, 28 de agosto de 2015

Recomendación

Hoy quiero enseñaros un blog lleno de metáforas y realidades, de indirectas y directísimas, de sutilezas y descaros, de inocencia y picardía, y, ante todo, mucho amor por la escritura. Tiene apenas unas semanas, pero merece la pena disfrutarlo. También aparecen frases de otros poetas (sobre todo actuales). ¡Espero que os guste, aunque sea, una cuarta parte de lo que me gusta a mí!