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sábado, 1 de noviembre de 2014

Las lentes de la tristeza



No sé hasta qué punto es bueno
ver la vida con las lentes de la tristeza.
No me considero alguien triste,
pero me dan pena demasiadas cosas,
que no me hacen llorar sino
ir llenando los bolsillos de la ilusión
con decepciones y lamentos
por lo que, al final,
cuesta tanto caminar
por los senderos de la esperanza
con la chaqueta del desencanto,
que me quedo en la acera saludando
a distancia, al porvenir.
Es cierto que describir la belleza alegre
me es tan complicado
como mirarte sin sonreír,
quizá porque no le veo el atractivo
a las cosas buenas que suceden porque sí
y, sin embargo,
me parece esencial embellecer aquello
que nos hace la vida gris.
Tal vez, mi suerte sea
la de pintar con tinta rosa
el cielo de la existencia
y colorear los traumas
sin salirme de la línea,
aunque me resulte inevitable hacerlo
sin desteñir actitudes
con las que otros se llenan
pero que, a mí, tan sólo me vacían. 


viernes, 10 de octubre de 2014

Entrevista de trabajo (fragmento de relato erótico)


-¿Considera que está preparada para este puesto? Es una joven inexperta.
-Póngame a prueba.
-Inexperta y descarada, ¿no cree?
-¿Acaso la publicidad no demanda descaro? Un buen producto debe entrar por los ojos -repasa sus labios de carmín y ajusta su blusa-. Si no lo consigue, debe ser más descarado -se suelta el pelo, cruza las piernas dejando entrever las medias negras que las visten y se desabrocha un botón de la camisa, luciendo un exuberante escote-. A continuación, debe entrar por el oído -desciende el tono de voz y lo endulza suavemente-; utilizar una voz sensual y cálida suele ser un punto a favor. Por último, un producto debe destacar sobre los demás -mira hacia el pasillo donde esperan su turno una mujer con vestimenta de los sesenta, con gafas y moño, un hombre al que el paso de los años le ha causado estragos, con la mirada baja, leyendo una revista de coches que jamás podrá comprar y por último, una chica aún más joven, pendiente del móvil y de su bolso rosa. Entonces le mira duramente y a continuación adopta una postura firme ante él-. Un publicista debe tener los valores de la agencia para la que trabaja. ¿Cree que alguno de ellos reúne las características? Míreme, señor Orlowski. Usted y yo nos compenetramos a la perfección. Soy todo lo que está buscando.
-¿Por qué está tan segura? ¿Qué sabe sobre mí?
-Sé que a los tipos ambiciosos como usted, director de la mejor agencia del país, sólo les interesa la excelencia. Corríjame si me equivoco, pero usted busca publicidad que engache, que llame la atención, que dé de qué hablar, que esté en boca de todos; quiere algo nuevo con la suficiente fuerza como para dejar a las demás agencias a ras del suelo. Señor Orlowski, su mejor anuncio soy yo.
-Adictivo, atractivo, descarado, nuevo y rompedor.
-Y placentero.
-¿Un anuncio placentero?
-¿Me va a negar el placer que siente cuando las tiene a su disposición?
-Y a usted, señorita Owen, dígame, ¿le gusta sentirse poderosa? ¿o prefiere estar a mi disposición?
-Contráteme y tendré el poder de estar a su disposición. Su agencia me necesita tanto como yo a ella. Formaremos un gran equipo.
-¿Y si le digo que ya tengo otra candidata que encaja mejor en esta empresa?
-De acuerdo, confórmese con peor calidad por miedo a probar algo que desconoce. Sé de mi condición y, tarde o temprano, dejará de tirarse a las ofertas para buscar algo que de verdad merezca la pena. Deseará un producto con otro tacto, con otro olor, con otro sabor, con otra apariencia. Entonces, se fijará en alguna de las agencias de publicidad que le están ganando la partida y me verá al mando de ella. Y me querrá para usted. Quizá sea demasiado tarde.
-Señorita Owen, ¿tiene usted pareja?
-No, señor. ¿Por qué lo pregunta?
-No quiero en mi empresa empleados que tengan la cabeza en las nubes y el corazón en otro lado. Si quiere trabajar aquí, se expone a estar disponible para mí las 24 horas del día. ¿Cree que será capaz? Es mucha presión para una chica de 23 años.
-Acepto el reto, señor Orlowski.
-Firme el contrato y mañana pasará a formar parte de mi empresa. No olvide que aquí mando yo.



sábado, 20 de septiembre de 2014

Agridulce

En el desguace del fracaso
busco nuestra historia de amor.
Recuerdo tu adiós en mis brazos,
tus últimos besos de limón,
los dolores astillados en un corazón
que se hizo pedazos,
tus caricias y arañazos,
tus alegrías y penas, tus bandazos,
tus elogios y críticas, tus daños,
tus palabras y miradas, tu rechazo. 

viernes, 12 de septiembre de 2014

Marwan

 

Aquí os dejo a un poeta y cantautor que admiro bastante. En mi opinión escribe con una tremenda personalidad. En sus letras queda plasmado el amor por esto y me transmite de una forma única, por eso desde que le descubrí he ido siguiendo todo lo que hace y lo que saca a la luz. Y, la verdad, mi estantería tiene un toque más personal con sus libros. Espero que os guste, se titula: "Sobre el deseo y otras cuestiones".

Antes de esto estuvo el "después",
la ciénaga infinita que deja tras de sí el amor cuando termina.


La vida era solo un paisaje roto que se colaba por la ventana.
Intentaba adelantar a la realidad por la derecha
bajando al sótano de las pasiones sin domicilio.
Así me encontré de golpe
con las paredes desconchadas del sexo por el sexo.
Fui de cuerpo en cuerpo Buscando Trofeos,
Estrellando Mi Piel Contra La Madrugada
para despertar Al Día Siguiente
y comprobar que todo aquel deseo era un cofre vacío.
Estuve demasiado tiempo forzando el motor,
cargando el rifle por los bares,
buscando a la mujer que me hiciera una herida
por encima de aquella herida,
el nombre que tapara su nombre,
imaginándome que era cierto aquello de que
un clavo saca a otro clavo
y lamentablemente no lo era,
al menos allí no.
Fui incapaz de hallar el Amor Entre Tantos Amores.
No encontré ningún corazón de recambio
con el que despistar al invierno.


Allí estaba yo como un niño de 28 sin regalos,
un joven pidiendo tregua a las puertas de la tarde.
Era un envase vacío.
Cuantas más camas frecuentaba más se hundía el piso,
porque cada vez que desnudaba un cuerpo esperaba respuestas
y el sexo sin fondo trae virutas de placer
pero no felicidad en manada.


Que la belleza y el deseo son dos hermosas fieras
que con facilidad inaudita pueden
torcer la biografía de cualquier hombre respetable.

No estaba preparado para eso.
Nadie espera tener que librar otra batalla tras la batalla.
Fue duro comprobarme solo,
exiliado de mí mismo.


No estaba preparado.
Aprendí que surfear de cama en cama solo trae más soledad,
que la soledad se llamaba Octubre
y es un trabajador a jornada completa.


Que la soledad es mucho más
de lo que tardas en dar con otro cuerpo
y que cuando no es algo buscado es un mal negocio.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Un hombre solitario



Ésta es la historia de alguien que lo dejó todo para hacer su vida en el mar. Un hombre que, harto de la sociedad y sus absurdas costumbres, decidió cambiar el ruido de la urbe por el de las olas del océano y las personas por peces. Como decía Robin Williams: "Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo". Así, un lunes, que es el día oficial del comienzo de los propósitos, cogió la mochila y se largó, dejando atrás a una mujer inconformista y a un hijo pasota. Estaba cansado de contar con los dedos de una mano las ilusiones que tenía puestas en aquel proyecto familiar, carente de cualquier motivación ajena a la suya. Y se fue, sintiéndose un ser horrible incapaz de enfrentarse a sus temores y amoldarse a las pautas que dictaba la mayoría. Algunos dirían que era el típico viejo amargado que exteriorizaba en los demás los problemas que tenía consigo mismo. Quién sabe. El caso es que, como todos, buscaba lo mejor para él. Algunos hayan la felicidad en un audi, en unas cañas con los amigos, en un vestido chic, en un amante, en una madre... A él no le quedaba nada de eso, así que reunió las migajas que la vida le había dado hasta el momento y las usó de cimiento para el futuro. 

Desde entonces se le ve deambulando por la orilla, alejado de la playa donde acuden turistas. Se pasea con unos trapos viejos y una barba larga, mostrando sin pudor las canas que la experiencia le ha concedido. Alguna cerveza y algún besugo acompañan su día a día. Sin más que ofrecer a la naturaleza que una mente en armonía, cuya alma danza al compás que dictan las hojas de los árboles. La brisa marina le trae aire a libertad pura, contraria a la que ofrecen las leyes. Allí no es nadie, no hay ni fechas, ni nombres, ni lugares de nacimiento. Allí es él, tan sólo un tipo al margen de todo, menos de sí mismo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La búsqueda

 

Con el cuerpo pusilánime
y el ánimo bajo mínimos,
mente y corazón unánimes
buscando ese abrazo íntimo;
aquel beso cálido
que proteja del invierno frío,
sonroje este rostro pálido
e ilumine un interior sombrío.

domingo, 24 de agosto de 2014

Sin escapatoria


Sus manos apretando mis brazos, clavándome en la puerta, chistándome para que guardara silencio. El “clac” del cerrojo. Su voz en mi oído: “no tienes escapatoria, así que pórtate bien, no me obligues a ser malo”. Su índice descendiendo por mi frente, guardándome el pelo tras la oreja. La rojez de sus ojos perforando los míos. Mis manos temblando. Las suyas arrancándome el vestido. Mis lágrimas cayendo junto con mi ropa interior. Su saliva mezclada en mi sudor. Su dientes en mi nuca. Su bragueta bajada. Sus embestidas. Mi pelo en su puño. Su gemido. 

sábado, 23 de agosto de 2014

Las emociones no son abstractas




Dicen que existen conceptos abstractos, invisibles, palabras cuyo significado se deja ver en el aire. Sin embargo, hoy he descubierto la fragilidad de la delgada línea que separa lo abstracto de lo concreto. Por ejemplo, la tristeza se puede ver. Yo la veo cada mañana en mis ojeras. Y me busco en los ojos que se reflejan para coger fuerzas, pero con una mirada tan caída es difícil mantenerse en pie. Ni siquiera el frío del agua que humedece mi cara consigue cambiarme el rostro. También la veo en mi forma de arrastrar los pies por el suelo, en mis hombros vencidos, en mi cabeza baja, en mi sonrisa ausente. La veo en mis pupilas infinitas que buscan sin cesar esperanzas del mañana. En mi mente desolada de pensamientos que grita incertidumbre. En las noches a oscuras que paso en vela, en mis mejores pesadillas, en esta especie de castigo que me impide descansar.  

miércoles, 20 de agosto de 2014

Mi enfermera

Cuando la tristeza me encharcó los pulmones,
descubrí que tus besos eran mejor cura
que la diálisis de la soledad,
así que escapé del hospital Nostalgia
para cubrir la plaza vacante de tu pecho.
Entré enfermo mortal,
pero salí casi recuperado porque,
a pesar de que siguen goteando
lágrimas en mi interior,
tú siempre llevas el paraguas
en el bolsillo de tu existencia.

miércoles, 30 de julio de 2014

El placer de la victoria (fragmento de relato erótico)

Segura de mí misma, descendí por su torso desnudo, besándole tras cada mordisco que le daba, lamiéndole tras cada arañazo que le hacía, siguiendo la línea recta que marcaba su vello, un camino directo al placer. Una vez colocada entre sus apolíneos muslos, recorrí con la punta de la lengua su miembro, desde el inicio de los huevos hasta el final del capullo. En seguida supe que era de su agrado, tan sólo tenía que fijarme en los impulsos incontrolados de su polla. Busqué su mirada, presa del asombro por la rapidez y facilidad con la que había endurecido su parte más viril. Le sonreí con malicia a la par que le levanté la ceja y volví a esconderme entre sus piernas (...)

martes, 29 de julio de 2014

Rayadas que no vale la pena leer

Últimamente estoy optando por no pensar demasiado lo que hago, por dejarme llevar, por ser menos racional, para saber qué siente la gente que es más impulsiva. Supongo que si en este tiempo apenas he escrito es porque aparentemente todo está bien en mi vida. Porque elegí reflexionar muy poquito. Pero en cuanto empiezo a hurgar en mis cicatrices, a meditar mis actitudes, a juzgar mis comportamientos, a discutir mis pensamientos, me doy cuenta de que las cosas no van bien. Quizá sea por esa manía mía de ver siempre un trasfondo triste y pésimo en las conductas humanas. Algo que, por otra parte, me viene de lujo al intentar escribir. Y es curioso porque en este momento de mi vida me siento más yo que nunca pero también me cuesta reconocerme. Incluso según estoy escribiendo esto, estoy pensando: "Qué coñazo de tía, ¿desde cuándo le cuentas a tus lectores tus rayadas? ¿Por qué no les hablas directamente de sentimientos, de sensaciones, como siempre has hecho?". En fin, que cuando me decanto por ser más impulsiva no estoy a gusto y cuando me decanto por ser más racional tampoco. Hay que joderse con el ser humano. Si, con el ser humano porque creo firmemente que todo aquel que se para a mirarse fríamente en un espejo, a escupirse las verdades a la cara y a indagar en sus actos acaba hecho mierda. Y por eso queridos amigos/as estudio psicología. A ver si tengo narices de aclararme. Como siempre, mi lado masoca intentará estos días hacerme tambalear por esta línea de seguridad que trazo, por este camino recto que supuestamente sigo, y tal vez me deje llevar y acabe recapacitando más de la cuenta y aparezca por mi blog contando penas. Yo antes molaba... ¿o no?

viernes, 25 de julio de 2014

Adam y Alice (fragmento de relato erótico)


Era la primera vez que Alice estaba a merced de un hombre, desnuda, abierta sin escrúpulos y con una indecencia impropia de su edad. Adam se desabrochaba los botones de la camisa mientras le susurraba al oído que sabía que era su primera vez, y no sólo como modelo, y que en ambos casos no tenía nada que temer, que él estaba ahí para apoyarla. La excitación del momento le impedía parar, ni siquiera podía comerle el coño, necesitaba estar dentro de ella como nunca antes. Con toda la sangre acumulada en su miembro, la penetró despacio, controlando a la bestia que se había despertado en él, suplicando porque no le doliera y pudiera follarla duro. Esa chica se merecía una caricia en la mejilla por cada penetración hasta el fondo, un beso en la punta de la nariz por cada azote. Esa chica reunía todo lo que buscaba. Alice le miró a los ojos, y a pesar de las molestias que estaba sintiendo, le pidió que no parase, que quería sentirle así, que disfrutaba teniéndole en su interior. Adam, a punto de correrse sobre ese delicioso vientre, lamió lento su cuello y gimió fuerte en su oído. En seguida sacó su polla y derramó su semen en esa cintura de 60cm. Ambos se miraron sonrientes, incrédulos aún por lo que había ocurrido sobre esas sedosas sábanas. Adam se levantó de la cama, se abrochó el pantalón, cogió su Reflex y susurró: “Ahora posa para mí, mi amor”.

jueves, 10 de julio de 2014

Hasta qué punto

¿Hasta qué punto hay que ceder?
¿Hasta qué punto hay que perder parte de la personalidad?
¿Hasta qué punto hay que ser generoso?
¿Hasta qué punto hay que mirar por uno mismo?
¿Hasta qué punto hay que ser comprensivo?
¿Hasta qué punto hay que querer?
¿Hasta qué punto hay que deber?

Son preguntas que por más relaciones en las que me involucre, nunca sé responder. Nunca.