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jueves, 3 de octubre de 2013

E[LL]A

El reloj de su existencia avanzaba otro año más y se paraba a pensar en los diecinueve anteriores. Era consciente de lo que había madurado en estos años. Sabía perfectamente las numerosas transformaciones que había sufrido su ser, algunas veces porque ella así lo quería y otras veces porque la vida le obligó a cambiar. Y, poco a poco, se fue formando la gran mujer que es a día de hoy. Pasó de la extrema timidez a la agradable extroversión. Pasó de hablar en voz baja a alzar la voz sin ningún temor. Pasó de plasmar los ojos en el suelo a fijar la vista al frente. Pasó de las dudas a las certezas, obviendo los resquicios de la inseguridad que siempre le hacían compañía. Pasó de la fragilidad a la dureza, pues los golpes la hicieron más fuerte; era capaz de resistirlo todo, mejor o peor, pero siempre salía adelante y se mostraba como un ejemplo a seguir. Pasó del "me gustaría" al "voy a hacerlo". Se fue transformando. Una metamorfosis tan bella como la de la oruga que se convierte en mariposa. Y ahora, vuela libre, abre sus alas sin miedo, se ve hermosa porque lo es y lo sabe, quien de verdad sabe mirarla, lo sabe. Por fuera y por dentro desprende una belleza única. Juega con ella. Divierte y se divierte, gusta y se gusta. Una mujer de los pies a la cabeza con corazón de niña. La inocencia va ligada a su mirada. La superación va unida a su sonrisa. La bondad va pegada a su piel. Un ejemplo de trabajo, constancia, esfuerzo, humildad y superación. Un espejo en el que mirarse. Una persona a la que imitar. Fiel consejera. Amiga de sus amigos. Cariñosa con quien lo merece. Respetuosa con quien se lo gana. Buena hasta con quien no debería. Así es ella. ¿Quién? Os preguntaréis... Ella, simplemente ELLA.


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