Chicos, que no os engañen. Las chicas perfectas no existen.
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domingo, 30 de marzo de 2014
A los enamorados de las mujeres perfectas
La otra noche estaba hablando con un tío y le dije que me iba a acostar ya, que era tarde. Me dijo que ojalá pudiera verme dormir, que seguro que parecía un ángel, y que deseaba verme despertar tras una buena noche de sexo con él, que tendría que estar radiante mi cuerpo desnudo y abandonado entre sábanas blancas mientras los rayos de sol entraban por la ventana, haciéndome despertar de quién sabe qué sueño para justo en ese momento besarme con pasión. Y yo me reía tras la pantalla. Cuánto daño ha hecho el cine. Las mujeres no somos las diosas que pensáis, somos humanas. No dormimos como ángeles, también nos movemos, damos patadas, babeamos, roncamos y hablamos en sueños. Después de una buena noche de sexo lo último que están las sábanas es blancas e inmaculadas, pensándolo bien, debería darnos hasta asco con la cantidad de fluidos que se han vertido sobre ellas. No siempre despertamos de buen humor y mucho menos si estamos agotadas por la noche que hemos pasado y el puto sol no hace más que cegarnos. ¿Por qué coño no bajamos las persianas antes de dormir? Y lo mejor de todo es el beso mañanero, lleno también de a saber qué fluidos, olores y sabores. También me decía que tendría que estar guapísima en casa ahora mismo porque la imagen que él tenía es la mía en braguitas sexys, por supuesto, paseándome mientras meneo el culo y una camiseta de tirantes con encaje cubriendo ligeramente mis pechos y cintura. Y yo me reía tras la pantalla. Las chicas así no existen. Ninguna en su sano juicio se pasea por casa de esa forma y mucho menos estando sola. Y ahí me veis, siendo piropeada y esclava de unas expectativas que la sociedad ha instaurado en los cerebros masculinos pues yo chateaba tranquilamente con mi pijama de manga larga, mi moño y mis gafas de pasta. Otra cosa que me dijo ese día fue que las mujeres estamos más guapas con la cara lavada, sin una pizca de maquillaje. Y yo me reía tras la pantalla. Habrás visto tú a muchas mujeres guapas sin maquillar, pensaba. No tenemos el cutis perfecto ni echándonos esas cremas que de forma implícita nos impulsan a comprar para estar bellas. Tenemos marquitas, cicatrices, pecas, lunares, granitos, arrugas..., cien mil defectos en apenas unos centímetros. No nacemos sin pelo, con la piel tersa y los músculos firmes. Por último, me dijo que quería invitarme a comer, que no le importaba el sitio puesto que estaría hermosa hasta en un Döner Kebab. Y yo me descojonaba tras la pantalla. Mira guapo, si tú me ves comiendo un kebab, con la salsa chorreando por mis manos, lamiéndome los dedos, inguyendo para que no se me caiga la carne al plato y con el aliento que queda trás la lechuga y la cebolla picantes, tú hermoso mío, me dejas al instante.
Adicciones
Si tuviera que declararme adicta a algo sería a las primeras veces. El primer momento en que conoces a alguien, el primer saludo, la primera mirada, la primera sonrisa, la primera conversación, la primera despedida... Adicta, sobre todo, en el plano íntimo. Cuando acaricias por primera vez a alguien, cuando hueles su colonia, cuando le susurras, cuando le miras, cuando le besas y después de esto le vuelves a mirar y, en apenas unos segundos, ya han cambiado vuestras pupilas y la mirada pasa a ser otra. Nueva fase y otra vez las primeras veces. Me maravilla experimentar, probar, sentir, expresar, descubrir... La vida no es más que un conjunto de experiencias, por eso, cuanto más experimento más viva me siento. Quizá a lo que soy realmente adicta es a la vida o, mejor aún, a la sensación de sentirme viva. Sí, seguramente sea eso. Tal vez esa necesidad surja del pavor a la muerte. Tan solo de pensar que el día menos pensado podría desaparecer del mundo y que después no habría nada más quedando tanto por hacer... Si hay algo característico mío es que siempre me falta tiempo. La vida es muy corta y está mal estructurada. Es probable que por este pensamiento arraigado no me gusten las situaciones en las que siento que mi vida está en peligro. Cada día me siento afortunada por estar viva, por eso no pierdo mucho el tiempo en llantos ni en enfados, no merecen la pena. Tengo mis días tristes como todos, pero de ahí a pasarme la vida como un alma en pena o amargada o quejándome de todo, hay un trecho. Supongo que cuando tomas conciencia de la brevedad de los días empiezas a dar valor a las cosas realmente importantes.
Con quererse no basta
Ella habría querido que cogiera el primer tren y saliera a buscarla, que me plantara en su ciudad con la caja de bombones que le prometí y una sonrisa de oreja a oreja, que cuando la viera por primera vez corriera a abrazarla y le diera un beso de película. Ella habría querido todo eso y mucho más. Ella habría querido que no me apartara nunca de su lado, pero lo hice una vez y me perdonó. Lo hice de nuevo, se enfadó más que la vez anterior, sufrió, me pidió que no lo hiciera nunca más y me perdonó. Lo volví a hacer y me perdonó aunque sentía que estaba echándolo todo a perder. Sin embargo, lo hice otra vez y ya no hubo vuelta atrás. Por primera vez me sentí destrozado. Sabía que se acababa para siempre y que había sido por mi culpa, que me lo avisó, que me dio oportunidades y aún así lo hice, una y otra vez. Supongo que hay cosas que van con nosotros y que no podemos cambiar. Yo la he querido más que a mi propia vida. Qué digo. Yo la quiero más que a nada. Pero ya no me cree. Supongo que no vale la pena dedicar tiempo a pegar los pedazos de algo que está roto. Seguro que aunque lo reconstruyéramos nos faltaría alguna pieza. Ella habría querido que fuera más valiente y que la demostrara con hechos que me importa, pero me quedé en palabras. Como diría ella: "con quererse no basta".
sábado, 29 de marzo de 2014
La felicidad es eso
Tu canción favorita sonando en la radio. Un chocolate caliente. Un buen libro. Una comida en familia. Un mensaje de buenos días. Un reencuentro especial. Una llamada inesperada. Un abrazo. Una sonrisa tras una lágrima. Un cruce de miradas. Un beso robado. Una buena noche de sexo. Escuchar la lluvia de fondo. Arroparse hasta la cabeza con la manta. Un baño en la piscina. Tumbarse en el césped a tomar el sol. Una conversación. Una quedada con amigos. Una caricia que te hace temblar. Un paseo. Un reconocimiento a tu trabajo. Una declaración de amor. Un amanecer. El sonido del viento. Un chiste tonto. Tu película favorita televisada. Esos detalles nos hacen felices de verdad. Así de sencilla es la vida. Aprendamos a disfrutar las pequeñas cosas porque, en realidad, son las más grandes.
La felicidad no es más que un cúmulo de instantes felices
Tíos como tú
¿Sabes qué os pasa a los tíos como tú? Os quedáis solos. Pensáis que vuestros amigos, esos que se comprometen con sus novias al máximo nivel, esos que están enamorados hasta las trancas de ellas, esos que les son fieles y sinceros, os admiran pero no lo hacen en realidad y ellas no están locas por vosotros. Alguna ingenua como yo lo habrá estado pero es algo que dura hasta que abrimos los ojos. Cuando entendemos que somos una vagina con patas para vosotros, inmediantamente os convertís en un pene con patas para nosotras. Yo estaba dispuesta a regalarte lo que rechazas, eso que llaman amor. En el fondo tienes miedo. Lo sé. Bajo tu fachada escondes un corazón frágil. Lo sé. Solo quieres protegerte del daño que te han causado otras veces. Lo sé. No te aferras a nadie porque no quieres verte solo de nuevo. Lo sé. Tienes a disposición a decenas de mujeres, siendo yo tan solo una más. Lo sé. Y aún sabiendo todo esto, estaba dispuesta a darte todo de mí, pero tu actitud de machote me ha hecho despertar. Te has convertido en otro polvo más, cariño. Tan solo eso, un polvo más.
jueves, 27 de marzo de 2014
Free me
Parece que no puedo escribir nada bonito, y muchos menos, divertido. Tengo que estar rota para esparcir por el folio cada pedazo de mí, bañado en rojo por cada puñalada, y convertirlo en párrafos que vomitan con rabia las injusticias del ayer. Pero peor aún es creer que estando mal podré escribir, ya que hay veces que ni con esas puedo. Por si no me hacía el suficiente daño lo primero, me remato con lo segundo. Es como si quisiera sacar fuera todo lo que llevo dentro pero esta agonía que me ata las manos y que, sin embargo, no me amordaza la boca, me lo impidiera. ¿Para qué sellar mis labios? si de estos no saldrá una sola palabra que me delate. Qué cobardía la mía. Qué envidia aquellos que dan la cara. Y yo aquí, tras una puta pantalla, pensando que controlo lo que recito, pero qué va. Yo no elijo lo que escribo, lo que escribo me elige a mí; otro control que se me escapa...
No os creo
A lo mejor soy yo la rara, pero ¿sabéis? No me creo a los
que dicen estar enamorados hasta las trancas y en menos de un mes de dejarlo
conmigo ya están bien o están con otra. No me creo a los que me dicen que soy
lo más importante de su vida y son capaces de alejarse de mí días y días, sin
mandarme un mensaje siquiera. No me creo a los que me dicen que harían
cualquier cosa por mí y no son capaces de venir a buscarme, de verme, de
convencerme para que vuelva a estar con ellos; simplemente, se dan por
derrotados y me dejan marchar. Pienso de otra forma. Por ejemplo, si tienes que
viajar a cualquier sitio, yo intentaré viajar contigo. Si tienes un problema
que no te deja dormir, yo intentaré aguantar despierta. Si tienes dudas, yo
intentaré despejártelas. Si algo te preocupa, te intentaré aconsejar de la
mejor manera posible. Si me dejas y, realmente me importas, insistiré y haré
todo lo posible por recuperarte.
Puede que lo estropee en otros aspectos de una relación,
pero hay uno en el que no fallo y ese es estar ahí cuando me necesitan aunque
no tuviera que estarlo. Siempre estoy disponible para quien quiero.
Y si de algo estoy orgullosa es del amor que siento. Cuando
digo “te amo” lo digo de verdad. Me tiro años arrastrándolo. Disfrutándolo y sufriéndolo,
de más a menos, obviamente. Me acuerdo de esa persona. La echo de menos.
Intento verla, la busco, la deseo, la pienso. Estoy para cuando me necesita,
aunque no me lo diga, si creo que le hago falta, se lo hago saber. Aunque también tengo defectos amando, no
todo es de color rosa, pero esto ya es otro tema que publicaré más adelante.
domingo, 23 de febrero de 2014
2ºA
Echo de menos el cosquilleo estomacal que me provocaba la idea de un posible encuentro entre los dos, como antaño. ¿Dónde han quedado los pasos por las escaleras de esos dos descansillos silenciosos y oscuros, cuya penumbra iluminabas con tu sonrisa o con esos ojos que servían de linterna al mirarme? Extraño oír la puerta del portal abrirse y no encontrarte ahí, con las llaves ya en la mano y tu cabeza fijada al frente, intentando descifrar mi rostro mientras mi cuerpo se balancea más de lo normal cuando te intuye entre las luces y sombras que adornan la escena. Echo en falta la sensación de que el tiempo se pare cuando bajo la rampa que debería llevarme a ti pero, sobre todo, me duele pensar que te hayas ido y que esta esperanza inmortal acabe lamentándose por, una vez más, no haber tenido el coraje suficiente para cogerte del brazo antes de que giraras la esquina y besarte sin más para así decirte con un hecho lo que con palabras soy incapaz. Fiándome de mi intuición, esta me dice que el destino se está divirtiendo mientras juega con nosotros al escondite con la clara intención de que estemos buscándonos sin querer, pero queriéndonos encontrar. Y, como ocurrió veces pasadas, acabaremos chocando piel con piel, sonrisa con sonrisa, mirada con mirada. Y en ese choque volverá a surgir esa chispa que, aunque no llegue nunca a llama, nos hace algo más felices en nuestra rutina vecinal.
sábado, 22 de febrero de 2014
C&E
Si no caes en la tentación es porque no te has cruzado con la persona adecuada. Detener esas ganas primarias, viscerales e irracionales supone un esfuerzo sobrehumano cuando estás tan solo a unos centímetros de esa persona. Y por más que te regodees en la búsqueda incesante de las palabras correctas para intentar frenarlo y poner un toque de cordura, de sensatez o de esa madurez todavía ausente, el lenguaje corporal te delata. Tu boca dice no pero tu mirada suplica que sí. Ya te dije que yo obedezco a gestos y que puedo detenerme cuando no es recíproco, pero cuando me sonríes de esa forma tan tuya es inevitable que la idea de besarte permanezca en mi mente. Es justo ahí cuando no daré marcha atrás. Parecerá que no quiero, pero provocaré la situación idónea, pronunciaré la palabra adecuada, te dedicaré la mirada exacta y te despejaré cualquier duda con una sonrisa inequívoca. Y es justo ahí cuando no darás marcha atrás. No tendré que lanzarme a tu boca porque he dado todos los pasos necesarios para inculcar en ti ese impulso. Y lo harás. Lo sabes. Lo sé. Lo sabemos. Y el momento será ese.
Segundos más tarde tu boca estará robándome el sabor, tus manos llevándose mi olor y tu mirada descubriendo mi "yo". Milésimas después, estaré sin escapatoria, arrinconada entre la pared y tu cuerpo, abierta, con las bragas empapadas como muestra de la excitación real que me provocas, resultado de ese morbo que pasará de efímero a sólido. ¿Qué mejor demostración que una vagina resbaladiza y palpitante que te pide a base de contracciones más y más? Tus dedos entrarán en mí, controlando mi respiración, adueñándose de mi placer. La jerga del sexo tomará las riendas de nuestras cuerdas vocales y las gargantas expulsarán palabras malsonantes que elevarán la temperatura de esas cuatro paredes. La fuerza de las respiraciones romperá con el silencio de aquel pasillo que serviría de chivo expiatorio. Y en el momento clave donde habrá que tomar la decisión de parar o de seguir hasta el final, la cabeza se enfríará lo suficiente como para pausarlo puesto que continuar sí podría ser un error a falta de los medios necesarios. Así, nuestros cuerpos excitados se distanciarán a regañadientes y, aunque no satisfecha del todo, te observaré fuera del contexto al que me tienes acostumbrada. Una sensación única me invadirá. Me sentiré afortunada por haber presenciado tu transformación y por haber descubierto la confirmación de aquella idea abstracta sobre cómo serías en una situación así. Sin duda, elegiré bien. Una vez más no me equivocaré con el trasfondo de unas pupilas.
Segundos más tarde tu boca estará robándome el sabor, tus manos llevándose mi olor y tu mirada descubriendo mi "yo". Milésimas después, estaré sin escapatoria, arrinconada entre la pared y tu cuerpo, abierta, con las bragas empapadas como muestra de la excitación real que me provocas, resultado de ese morbo que pasará de efímero a sólido. ¿Qué mejor demostración que una vagina resbaladiza y palpitante que te pide a base de contracciones más y más? Tus dedos entrarán en mí, controlando mi respiración, adueñándose de mi placer. La jerga del sexo tomará las riendas de nuestras cuerdas vocales y las gargantas expulsarán palabras malsonantes que elevarán la temperatura de esas cuatro paredes. La fuerza de las respiraciones romperá con el silencio de aquel pasillo que serviría de chivo expiatorio. Y en el momento clave donde habrá que tomar la decisión de parar o de seguir hasta el final, la cabeza se enfríará lo suficiente como para pausarlo puesto que continuar sí podría ser un error a falta de los medios necesarios. Así, nuestros cuerpos excitados se distanciarán a regañadientes y, aunque no satisfecha del todo, te observaré fuera del contexto al que me tienes acostumbrada. Una sensación única me invadirá. Me sentiré afortunada por haber presenciado tu transformación y por haber descubierto la confirmación de aquella idea abstracta sobre cómo serías en una situación así. Sin duda, elegiré bien. Una vez más no me equivocaré con el trasfondo de unas pupilas.
jueves, 13 de febrero de 2014
Recaída emocional
Es como si el papel me pidiera que escupiera en él esta
infinitud de sentimientos muertos que reviven cada vez que intento
cambiar de hoja. Y entre los versos del pasado te hallo. Sigues ahí,
mirándome con esa indiferencia diferente tan tuya, tan mía... Te observo distante y pienso que
tú has creado este hueco insaciable. Me robaste la mirada chispeante,
la sonrisa sincera, el estómago agitado, las rodillas temblorosas, el
corazón repleto. Te llevaste mi sueño y me entregaste tu cruda realidad;
nefasto intercambio. Me quitaste lo que era mío y te adueñaste de ello.
Absorbiste la felicidad y me dejaste un vacío de tristeza. Otra vez
hecha pedazos. Recayendo en el error que jamás cometí. Estoy intentando
contarte lo que siento pero es difícil si practicas equilibrismo por mis
cuerdas vocales y te lanzas al abismo de mi voz esa que, muda, trata de
llamarte pero no puede si me asfixias la puta garganta. Tu ausencia no
me llena, pero tu presencia me vacía. ¿Qué hacer? Me conformo con
barnizar estas frases con tu aroma prohibido para que huelan a lo que siempre pudo ser pero que nunca ha sido.
martes, 4 de febrero de 2014
My mind is my weapon
Quizá la mayor parte de mis éxitos y fracasos vengan marcados por mi mente. Aún no la conozco como me gustaría, pero cuando baja las defensas, me permite vislumbrarla e intuir su aspecto psicológico.
Si tuviera que definirla con una palabra diría que mi mente es obstinada. No sé quién controla a quién. Algunas veces recibo sus golpes de dureza y, otras, sus caricias de dulzura. Aunque cuando más disfruto es cuando creo que soy la directora de orquesta y que manipulo a la perfección mis pensamientos para que mi cabeza sepa quién dirige y me obedezca y después, como jefa de segundo orden, mande al resto de cuerpo. La idea de tener el control de todo lo que ocurre es una necesidad.
Mi mente es aquella que me hace creer que apenas tengo límites, que puedo con lo que venga, que soy capaz de todo, que conseguiría lo que me propusiera. Hay momentos en los que sobrevolar el cielo viene bien, aunque hay otros en los que la caída te deja dañada durante demasiado tiempo y cuesta más recolocarse las alas de la confianza. Mi mente es también aquella que se empeña en alcanzar lo que está al alcance de pocos. Se alimenta de retos. Retos complicados. Retos muy difíciles que me obligan a ser la mejor versión de mí misma para tan solo poder despegar de la línea de salida. Y se obceca con alcanzar la meta aunque apenas la vislumbre en el horizonte. Cueste lo que cueste. Si cree que vale la pena, me incita a no parar. A luchar. Ni siquiera cuando digo que me rindo, soy capaz de hacerlo. Me cuesta horrores detenerme y dar por hecho que no puedo llegar hasta el final del meollo; tener que situar un escalón por debajo las autoexpectativas. Darle la razón a otra cosa que no sea a ella. Mi mente me tortura y me salva. Me envenena para después curarme. Mi mente me exige la excelencia. Me induce a ser competitiva, ambiciosa, sobresaliente, exigente, a no ser una más, a destacar. Mi mente acepta a regañadientes los "no" que me responde la vida. Mi mente es curiosa, es misteriosa, es un remanso de paz y un jodido caos. Mi mente se asemeja a mi habitación en época de éxamenes. O tienes muy claras las cosas, o tanta información solo te aporta más incertidumbre y con ello, inseguridad y temor. Mi mente es aquella que me discute todo y que genera debates internos cada vez que pienso. Mi mente necesita su tiempo y su espacio. No le gustan las prisas. Ni las presiones externas. Sabe lo que tiene que hacer, no necesita que se lo digan. Es autónoma. Siempre quiere más. Lo desea todo. Para ella nunca es suficiente. Persigue imposibles sabiendo que jamás los alcanzará, pero es su forma de entender la vida, la manera que tiene de ser mejor cada día. De avanzar y no detenerse nunca. Bendita puta cabeza...
Como decía al principio, mi mente es mi arma. Una de doble filo. Un arma puede salvarte, pero también puede jugarte una mala pasada cuando se vuelve contra ti. Puede ser un error, pero también un acierto, un peligro, pero también una salvación.
Esta cabecita pensante tiene sus virtudes y defectos, pero no la cambio por otra. Me gusta que sea así.
domingo, 26 de enero de 2014
R~
Viniste
cuando más falta hacías. Un regalo caído en el momento justo. En el mes que
siempre quise. Naciste como te imaginaba y estás creciendo según idee. Es una
sensación maravillosa. Acertar intuyendo. Pálpitos que se convierten en
certezas. Como si ya te conociera antes de nacer. Después de tus padres, fui la primera en
verte. Busqué tus ojos y te observé anonadada. No me terminaba de creer que ya
estuvieras ahí. Tía, con 18 años, ¿en serio?. Qué torpe me sentía. Insegura
como casi siempre. Te arropaba con la manta mientras te alimentabas, casi sin
tocarte. Qué frágil parecías. Qué chiquitín. Qué indefenso. Qué vulnerable. Qué
responsabilidad. Desde el primer momento captaste mi atención y desde entonces
soy incapaz de quitarte la mirada. No te puedes imaginar lo que te llegamos a
querer, enano.
¿Sabes? Sé que no eres consciente de ello, quizá
algún día, cuando seas más mayor, te lo cuente o, tal vez, no. Ya se verá. Aún
queda mucho para que crezcas. La cuestión es que nos haces felices. Puede que
yo necesitara algo así en mi vida, pero estoy segura de que tu mamá y tu papá
sí lo necesitaban. No te puedes hacer una idea lo que han luchado por traerte a este mundo.
¿Sabes
qué, también?. A lo mejor son mis ganas, pero nos parecemos en muchas cosas. Al
igual que en tu caso, antes de mí había otro bebé que se estaba formando pero
que no pudo nacer. Y una vez que estábamos a punto de salir, casi no salimos. ¿Qué
te parece?. Pero no somos de rendimos ¿verdad?. Teníamos que estar en este
mundo.
Además,
siento que me entiendes cuando nos miramos. Veo tus gestos y no puedo evitar
sonreír. Conozco cada una de tus expresiones. Cuando ves algo nuevo y lo
observas con tus ojos profundos, intentando descifrar ese mensaje que aún no
entiendes. Cuando alguien con quien no tratas a diario se te acerca y le
frunces el ceño, apretando la boca. Cuando te ausentas del mundo con tu mirada perdida que parece buscar respuestas. Cuando nos ponemos frente al espejo y miras
con cara de sorpresa. Cuando me acerco a ti hablándote con voz estúpida de tía
enamorada de su sobrino y te pones nervioso, agitando las piernas, moviendo los
brazos y haciendo ruidos con la boca como si quisieras decirme algo. Cuando te
digo lo adorable que eres y me sonríes y después me apartas la mirada de la
vergüenza que te da y una vez que dejo de hablarte, me vuelves a mirar. Cuando
los demás no te dejan dormir y me acerco sigilosa a tu carro, te acaricio la
tripa o agarras mi dedo, te miro a los ojos e intento trasmitirte la paz que tú
me provocas. Cuando te canto, te susurro o simplemente te miro. No tienes pinta
de ser muy hablador. Creo que nos entendemos bien con las miradas. Eres de los
míos. Y después de eso, caes rendido y te duermes con esa cara de angelito. ¿Cómo
una cosita tan pequeña me puede hacer sentir tan grande?. Y te observo desde
ahí, desde arriba, y pienso en la envidia que me das. Cuánta pureza. Cuánta
inocencia. Cuánta belleza reúnes en ese momento. Qué bonito todo lo que
provocas sin querer. Cuánta felicidad repartes. Me encanta ver así a tu abuela.
Tú existencia es la mejor terapia. Se la ve contenta, ¿sabes?. Con ilusión.
Hacía tanto que no la veía así… Años. Y a mí me hace sentir mejor. El mundo
parece menos malo desde que tú formas parte de él. Y bueno, a tu tío… perdónale
porque no sabe lo que hace. Parece siempre el más inmune pero estoy casi segura
de que es solo fachada y de que es el que más trato necesita. Y nuestra familia…
bueno, es distinta, complicada, no será la ideal pero te aseguro que todos te
queríamos aquí. La psicología te hace juzgar mucho menos y reflexionar mucho
más.
El
primer texto que escribo llorando, ¿te parecerá bonito?. Ni los chicos de los
que me he enamorado lo han conseguido. Pero claro, es que detrás de ti hay tanta historia…
Podría escribir un libro solo de esto.
Y ahora
que no me entiendes, voy a aprovechar para decirte que siempre voy de tía dura
(y ahora más que ya es un título oficial) pero contigo se me desbordan los
sentimientos. Eres increíble. ¡Hasta el llanto lo tienes bonito!. También
quiero decirte que no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida, pero sé que si
algún día te fallara no me lo perdonaría. Eso seguro. Desde el primer día
estuve a tu lado y lo pienso estar hasta el último. Me da igual lo que tenga
que dejar por el camino, pero de ti no me alejo ni aunque me obliguen. Quiero
hacer las cosas bien contigo. Y las voy a hacer. Cueste lo que cueste. Sé
que saldrá bien. Sé que nos entenderemos. Sé que confiaremos el uno en el otro.
Voy a estar siempre ahí, te lo juro.
sábado, 25 de enero de 2014
Utopía
A esta situación deseaba llegar cuando decía que buscaba otras pieles porque ninguna me dejaba satisfecha. Contigo he logrado la sensación que estaba empezando a dar por utópica. No necesito (que no es lo mismo que decir que no deseo) otros brazos, ni otras manos, ni otros labios, ni otra lengua ni otro... ni nadie más. ¿Para qué?. Sé que estás dispuesto a todo. Sé que lo que se me pase por la cabeza lo harás. Sé que cumplirás mis fantasías, sean como sean. Sé que te atreverás. Sé que no me dirás que no a lo que se me antoje. Sé que siempre querrás más. Sé que estoy en tu mente, en tus días, en tus noches, constantemente me paseo por ahí, y casi siempre desnuda. Sé que estoy dentro de ti y viceversa. Tu imperfección es perfecta. Perfecta para no enamorarme de ti. ¿Por qué?. Porque te veo defectos y cuando los veo no entro en la fase previa a la del amor, el enamoramiento. Es perfectamente imperfecto.
Intento explicarle a alguien lo nuestro, lo tuyo y lo mío, y no puedo. No sé cómo hacerlo. Para mí es... distinto. Único. Especial. Irrepetible. Con sentido pero absurdo a la vez. Desconcertante. Divertido. Atractivo. Fuera de lo común. Clandestino. Peligroso. Excitante. Morboso. Raro. Adictivo.
Me encantas en la intimidad. En el asiento trasero de un coche. En un baño. En una habitación. Cuando te tengo para mí. Cuando eres mío y yo tuya. Cuando el mundo desaparece pues la sociedad me estorba. Cuando soy yo sin miedo al qué dirán. Cuando me tocas. Cuando me susurras. Cuando me pides. Cuando te ruego. Cuando quieres. Cuando quiero. Cuando te beso. Cuando me comes. Cuando pasas de caballeroso a perverso. Cuando me sonríes. Cuando me haces imaginar. Cuando te digo que cierres los ojos y tú que te mire, todo el rato, que no aparte mis ojos de ti, que quieres ver cómo mi cara dibuja las sensaciones que vas provocando. Cuando te controlas. Cuando me controlo. Cuando no se puede. Cuando la química sobrepasa el raciocinio. Cuando la pasión se vuelve insumisa. Cuando somos exclavos de ella. Cuando nos interrumpen sin saberlo. Cuando nos reímos. Cuando mezclas palabras bonitas y sucias. Cuando me dejas boquiabierta. Cuando pellizcas y luego acaricias. Cuando estás desatado. Cuando ya no puedes obecerme y quieres que lo haga yo. Cuando bajo sábanas intercambiamos los papeles que desempeñamos fuera de ellas. Cuando mandas. Cuando dominas. Cuando le haces el amor a mi cuerpo pero, sobre todo, a mi mente.
Intento explicarle a alguien lo nuestro, lo tuyo y lo mío, y no puedo. No sé cómo hacerlo. Para mí es... distinto. Único. Especial. Irrepetible. Con sentido pero absurdo a la vez. Desconcertante. Divertido. Atractivo. Fuera de lo común. Clandestino. Peligroso. Excitante. Morboso. Raro. Adictivo.
Me encantas en la intimidad. En el asiento trasero de un coche. En un baño. En una habitación. Cuando te tengo para mí. Cuando eres mío y yo tuya. Cuando el mundo desaparece pues la sociedad me estorba. Cuando soy yo sin miedo al qué dirán. Cuando me tocas. Cuando me susurras. Cuando me pides. Cuando te ruego. Cuando quieres. Cuando quiero. Cuando te beso. Cuando me comes. Cuando pasas de caballeroso a perverso. Cuando me sonríes. Cuando me haces imaginar. Cuando te digo que cierres los ojos y tú que te mire, todo el rato, que no aparte mis ojos de ti, que quieres ver cómo mi cara dibuja las sensaciones que vas provocando. Cuando te controlas. Cuando me controlo. Cuando no se puede. Cuando la química sobrepasa el raciocinio. Cuando la pasión se vuelve insumisa. Cuando somos exclavos de ella. Cuando nos interrumpen sin saberlo. Cuando nos reímos. Cuando mezclas palabras bonitas y sucias. Cuando me dejas boquiabierta. Cuando pellizcas y luego acaricias. Cuando estás desatado. Cuando ya no puedes obecerme y quieres que lo haga yo. Cuando bajo sábanas intercambiamos los papeles que desempeñamos fuera de ellas. Cuando mandas. Cuando dominas. Cuando le haces el amor a mi cuerpo pero, sobre todo, a mi mente.
Recordemos el trato: nos cuidamos, nos respetamos, nos descubrimos, nos ayudamos, nos divertimos y nos foll... contamos las cosas. Pero no más. Hasta ahí. ¿Firmas?.
sábado, 18 de enero de 2014
Un baño relajante (relato erótico)
El sonido de la ducha captó su atención y no pudo reprimir el impulso de asomarse al baño. Con la puerta entreabierta y la mitad del rostro fisgando tras ella, fijó la mirada en la figura femenina situada bajo el grifo que, inocentemente, había dejado sin cubrir con la cortina la mitad de su cuerpo. Con las pupilas dilatadas y la bragueta contraída, seguía con el ojo esa mano que bajaba hasta los pies y los enjabonaba, después subía a los tobillos, a los gemelos, despacio, casi a cámara lenta, al mismo ritmo al que él se estaba desnudando. Los pantalones iban bajando y la esponja subiendo. La camiseta se rendía al suelo. El agua tibia se derramaba por su cuerpo, desvistiéndolo del jabón que lo cubría. La erección ante aquella estampa tan descarada y sutil, a la vez, era inevitable. Se desprendió finalmente de los calzoncillos que le aprisionaban el miembro viril y cuya curiosidad se manifestaba en los intentos por echar un vistazo también tras esa puerta misteriosa. Gotas suicidas se precipitaban por sus senos, saltando al vacío desde los pezones. Sin darse cuenta, tenía la mano en el pene y lo estaba tocando lentamente. Ella pasaba la mano por las curvas de su cuerpo para dejarlo perfectamente impoluto. Cogió el albornoz y salió de la ducha, dirigiéndose hacia el espejo, situado en frente de la puerta. De pronto, apareció tras ella un hombre desnudo que penetraba su mirada a través del espejo y que se iba acercando sigilosamente hacia ella. Perpleja ante aquella situación inesperada, se limitaba a observar la escena en el reflejo. Unas manos masculinas agarraban el filo de su albornoz, dejando al descubierto sus hombros y cayendo después por la espalda hasta alcanzar el suelo. Con la polla entre sus labios inferiores, deslizándose húmeda y firme, y las manos agarrando con fuerza sus pechos, recorría su cuello, hombros y espalda con suaves besos y mordiscos. Una de las manos bajaba por su vientre hasta el clítoris, cuyo roce le provocaba una agitación de la respiración inmensurable. Se estaba derritiendo en sus dedos. Él lo sabía y se excitaba más aún. El vapor de la ducha se juntaba con el calor de sus cuerpos y empañaba el espejo, apenas se podían ver con precisión. Soltó su pecho y pasó el antebrazo por el cristal; necesitaba ver su cara cuando la estuviera follando.
Acercó la boca a su oído y le susurró cómo se lo iba a hacer, muy despacio, suave y brusco a la vez, para dejar que las palabras retumbaran en su subconsciente y la hicieran palpitar. Primero lo imaginaría y luego lo viviría. Segundos después estaba notando cómo se adentraba en ella hasta llegar al fondo. Su expresión era un poema. Moviendo su cintura, recorriendo su interior, provocando el movimiento incontrolado de sus pechos. Ella jadeaba mirándole fijamente al espejo. El objetivo era que jamás pudiera borrar de su mente esa mirada, la cual tenía que invadir su pensamiento cuando estuviera solo y, también, cuando estuviera con otras. Ese hombre la estaba poseyendo frente al lavado y estaba a punto de correrse. La excitación rozaba su límite. Se sentía tan limpia y tan sucia a la vez... Gozaba con esa sensación. Al fin un gemido retumbó en el silencio de aquel cuarto de baño y, a continuación, un gruñido placentero al eyacular sobre su cachete. Ambos cuerpos se hallaban sobreexcitados, sudorosos, jadeantes, sofocados y abatidos, intentando apagar el fuego que se había desatado en ellos minutos atrás.
Acercó la boca a su oído y le susurró cómo se lo iba a hacer, muy despacio, suave y brusco a la vez, para dejar que las palabras retumbaran en su subconsciente y la hicieran palpitar. Primero lo imaginaría y luego lo viviría. Segundos después estaba notando cómo se adentraba en ella hasta llegar al fondo. Su expresión era un poema. Moviendo su cintura, recorriendo su interior, provocando el movimiento incontrolado de sus pechos. Ella jadeaba mirándole fijamente al espejo. El objetivo era que jamás pudiera borrar de su mente esa mirada, la cual tenía que invadir su pensamiento cuando estuviera solo y, también, cuando estuviera con otras. Ese hombre la estaba poseyendo frente al lavado y estaba a punto de correrse. La excitación rozaba su límite. Se sentía tan limpia y tan sucia a la vez... Gozaba con esa sensación. Al fin un gemido retumbó en el silencio de aquel cuarto de baño y, a continuación, un gruñido placentero al eyacular sobre su cachete. Ambos cuerpos se hallaban sobreexcitados, sudorosos, jadeantes, sofocados y abatidos, intentando apagar el fuego que se había desatado en ellos minutos atrás.
viernes, 17 de enero de 2014
Pablo Hasél
Como quiero escribir pero me falta inspiración, me aprovecharé de la de otro para publicar una entrada.
Pablo Hasél es un poeta y rapero del que solo escucho su parte sentimental, dejando a un lado su ideología (algo que ocupa la gran parte de sus creaciones). Puesto que es alguien a quien escucho constantemente, que me inspira y que me hace sentir bastante, me gustaría publicarlo en mi blog, y así quien quiera lo puede conocer. Le descubrí por casualidad en Youtube y desde entonces no he dejado de escucharle y de seguir todo lo que hace. Os dejo las frases que más me gustan de sus canciones y poemas, y en un tamaño mayor, la mejor frase que he oído en mi vida, sencillamente perfecta:
Pablo Hasél es un poeta y rapero del que solo escucho su parte sentimental, dejando a un lado su ideología (algo que ocupa la gran parte de sus creaciones). Puesto que es alguien a quien escucho constantemente, que me inspira y que me hace sentir bastante, me gustaría publicarlo en mi blog, y así quien quiera lo puede conocer. Le descubrí por casualidad en Youtube y desde entonces no he dejado de escucharle y de seguir todo lo que hace. Os dejo las frases que más me gustan de sus canciones y poemas, y en un tamaño mayor, la mejor frase que he oído en mi vida, sencillamente perfecta:
“El alba es la antesala de todos mis
remordimientos y me paga las entradas a vacíos desconciertos” (Tristezas, misterios y pretextos…)
“Miénteme y dime que tiene sentido esto.
Patrocina mi secuestro. Me presto a ser tu rehén” (El lugar donde
me atrevo a decir que estoy bien)
“Ya puedes contarles que te escribí poemas,
creerte importante por formar parte de mi tristeza”; “Ódiame sin piedad por
haberte ayudado, por escucharte sin pensar con el nabo”; “Estoy destrozado pero
eso qué te importa. No eres especial, solo otra derrota” (No me
mereces)
"No necesito seducirte. Tus recuerdos de mí lo harán" (Lo que me temía)
"No necesito seducirte. Tus recuerdos de mí lo harán" (Lo que me temía)
“Qué impotencia da de intentar que ardas y
conseguir apenas unas chispas que me apagan” ; “Tal vez me toca irme a mí pero
tengo miedo de ver que aún harías menos de lo que creo” (Nunca te
tendré)
“Me muero de desgana cuando tengo ganas de
verte”; “Yo solo te pido que raciones el olvido”; “Nunca pude tener celos,
nunca, porque ninguno de ellos estaba a mi altura, así que procura resucitar a
Neruda y enamorarlo e igual entonces empiezo a tener dudas”; “Cambiaría 10 años
de mi vejez por uno ahora, siendo la banda sonora de tu anochecer” (Nunca tuve celos)
“Por una vez que hago algo bien y acaba mal.
Si no me sabes querer no me vuelvas a llamar. Si te vas al menos no seas
posesiva, no insinúes ni de coña que puedes ser mi amiga”; “Toma mi soledad
para que nunca te sientas sola”; “Ayer me agregó otra intentando seducirme. No
es que vacile, es que es la realidad. ¿Sabes?. ‘Te ayudaré a olvidar’, decía y
era monísima la chica, pero el olvido no se apellida ‘vagina’ y soy poco
sociable” (Dime que no has sido un espejismo)
“Es lo último que te escribo a no ser que te
lo ganes. Estoy llorando perdido, recordando nuestros planes”; “No hay clímax
en mi rima si no te la recito encima” (Otra canción para ti)
“ ’Insomnio’ es sinónimo de pensar en ti y
viceversa”; “Cuántas noches escribí los planos de mi huida y al amanecer los
cambié por tu sonrisa fugitiva. Callándome los ‘no te marches, por favor’ por
saber que te cansarás de la inestabilidad de mi calor”; “Llevo tantas horas
despierto que necesito estar pegado a las manos que dan algo bonito”; “Igual no
soy el que más alegría pueda ofrecerte pero te juro por mi tristeza que te
sentiré hasta la muerte”; “Mucho me temo que seré un desastre al final, yo sé poco más que narrar lo que te llego a amar” (Ayúdame a dormir)
Por útlimo, os recomiendo tres poemas suyos de los cuales no he podido seleccionar frases concretas porque me parecen ideales de principio a fin:
Ya no
Nunca más amaneceremos juntos
Y preguntarte...
Su blog es -> http://eltrancedelidealista.blogspot.com.es/
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