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viernes, 17 de enero de 2014

Pablo Hasél

Como quiero escribir pero me falta inspiración, me aprovecharé de la de otro para publicar una entrada. 



Pablo Hasél es un poeta y rapero del que solo escucho su parte sentimental, dejando a un lado su ideología (algo que ocupa la gran parte de sus creaciones). Puesto que es alguien a quien escucho constantemente, que me inspira y que me hace sentir bastante, me gustaría publicarlo en mi blog, y así quien quiera lo puede conocer. Le descubrí por casualidad en Youtube y desde entonces no he dejado de escucharle y de seguir todo lo que hace. Os dejo las frases que más me gustan de sus canciones y poemas, y en un tamaño mayor, la mejor frase que he oído en mi vida, sencillamente perfecta:

“El alba es la antesala de todos mis remordimientos y me paga las entradas a vacíos desconciertos” (Tristezas, misterios y pretextos…)

“Miénteme y dime que tiene sentido esto. Patrocina mi secuestro. Me presto a ser tu rehén” (El lugar donde me atrevo a decir que estoy bien)

“Ya puedes contarles que te escribí poemas, creerte importante por formar parte de mi tristeza”; “Ódiame sin piedad por haberte ayudado, por escucharte sin pensar con el nabo”; “Estoy destrozado pero eso qué te importa. No eres especial, solo otra derrota” (No me mereces)

"No necesito seducirte. Tus recuerdos de mí lo harán" (Lo que me temía)

“Qué impotencia da de intentar que ardas y conseguir apenas unas chispas que me apagan” ; “Tal vez me toca irme a mí pero tengo miedo de ver que aún harías menos de lo que creo” (Nunca te tendré)

“Me muero de desgana cuando tengo ganas de verte”; “Yo solo te pido que raciones el olvido”; “Nunca pude tener celos, nunca, porque ninguno de ellos estaba a mi altura, así que procura resucitar a Neruda y enamorarlo e igual entonces empiezo a tener dudas”; “Cambiaría 10 años de mi vejez por uno ahora, siendo la banda sonora de tu anochecer” (Nunca tuve celos

“Por una vez que hago algo bien y acaba mal. Si no me sabes querer no me vuelvas a llamar. Si te vas al menos no seas posesiva, no insinúes ni de coña que puedes ser mi amiga”; “Toma mi soledad para que nunca te sientas sola”; “Ayer me agregó otra intentando seducirme. No es que vacile, es que es la realidad. ¿Sabes?. ‘Te ayudaré a olvidar’, decía y era monísima la chica, pero el olvido no se apellida ‘vagina’ y soy poco sociable” (Dime que no has sido un espejismo

“Es lo último que te escribo a no ser que te lo ganes. Estoy llorando perdido, recordando nuestros planes”; “No hay clímax en mi rima si no te la recito encima” (Otra canción para ti)

“ ’Insomnio’ es sinónimo de pensar en ti y viceversa”; “Cuántas noches escribí los planos de mi huida y al amanecer los cambié por tu sonrisa fugitiva. Callándome los ‘no te marches, por favor’ por saber que te cansarás de la inestabilidad de mi calor”; “Llevo tantas horas despierto que necesito estar pegado a las manos que dan algo bonito”; “Igual no soy el que más alegría pueda ofrecerte pero te juro por mi tristeza que te sentiré hasta la muerte”; “Mucho me temo que seré un desastre al final, yo sé poco más que narrar lo que te llego a amar” (Ayúdame a dormir)


Por útlimo, os recomiendo tres poemas suyos de los cuales no he podido seleccionar frases concretas porque me parecen ideales de principio a fin: 

Ya no

Nunca más amaneceremos juntos

Y preguntarte...

Su blog es -> http://eltrancedelidealista.blogspot.com.es/

martes, 14 de enero de 2014

Friends?

No puedo. Me agota tener que sacarte las palabras, pelear cada día por subir tu autoestima, luchar por hacerte más optimista, tirar de los dos. Me pesan las decepciones en los ojos, mis ojeras son la prueba. Y ni con esas consigo bajar la línea donde reposan mis expectativas contigo. Créeme que me gustaría que todo fuera distinto. Pocas veces lo he intentado con tantas ganas, con tanta entrega, con tanto tiempo, con tanta paciencia... Pero no hay manera. No creo que esto tenga remedio. ¿Una pareja feliz y corriente?, no creo que podamos serlo. Hace más de dos años que nos conocemos, y la mitad de ese tiempo hemos estado juntos. Y aunque te haya tenido, mi mayor reto ha quedado pendiente. Y me jode. Me duele verte así, saber que estás mal, y no conseguir ayudarte. Me siento tan inútil, es tan frustrante... sobre todo, sabiendo lo que estudio. Solo sé que mis esfuerzos han sido en vano. A veces, querer no es poder. Cuelgo la medalla de mi orgullo y me rindo. Hay batallas que no se pueden ganar ni con el mejor armamento.

Y ahora que la relación se rompe, ¿cómo se supone que hay que seguir?. Soy de las que piensan que para dejar de querer alguien tienes que echarle de tu vida. Es fácil decirlo, pero no cumplirlo. Un eterno debate. "Le quiero, he compartido cantidad infinita de momentos a su lado, he estado con él durante X tiempo, ha sido fundamental en mi vida, ha sido tan especial...". El problema es querer que esa persona siga en tu día a día y tratar de olvidarla. El olvido y la compañía no hacen buenas migas, al menos eso me dice la experiencia. ¿Se puede pasar del amor a la amistad?. Tampoco lo he creído hasta ahora. Quizá tú seas la excepción. Sería bonito...

No sé si me acostumbraré a despedirme con un beso escrito, en vez de con uno dado. Me cuesta confiar en que algún día te haya olvidado, y el pasado se quede atrás, guardándose con él los sentimientos que tuve hacia ti. Tal vez consiga verte como un amigo y no como mi exnovio. A lo mejor podamos, no estando juntos, estar juntos sin hacernos daño. Yo lo voy a intentar, ¿y tú?.

domingo, 12 de enero de 2014

Simulacro de poema


Con Hasél en los cascos y tu ausencia en mi pecho,
mirando al techo,
pensando en ti, abriendo mi herida, extrañándote,
preguntándome por qué, qué hacer con mi vida, si esto es el fin.

El corazón bombeando nostalgias, los labios respirando suspiros,
la mente vomitando recuerdos, los dedos descifrando latidos.
Otra madrugada presa del insomnio,
soñando con soñar bonito, 
pero para ello tu piel necesito, 
y no tiene pinta de que la vaya a tener, 
otro deseo efímero que se añade
a la lista eterna de perdidas oportunidades,
de anhelos del ayer.

Dónde guardar los besos que nunca nos dimos,
las historias que viviendo, no vivimos,
la felicidad que a plazos pagamos,
las risas y las caricias de media noche,
incluso los reproches.
Echaré de menos todo lo que nos hemos dado,
tanto lo bueno como lo malo.

Si te vas, no seas egoísta,
déjame al menos tu soledad para sentirme acompañada,
préstame una arista de los abrazos poliédricos que me regalabas,
no soy demasiado lista, 
pero sí lo suficiente para entender lo que significa perderte,
y con ello, perdernos, y perderme, después...

Un nudo en la garganta me impide decirte esto,
estoy desangrándome por dentro,
y por si fuera poco, 
mi instinto masoquista y este poema loco
me guían a indagar en la cicatriz,
profundizando en la llaga, pues yo no la curo con alcohol etílico
sino con un poema idílico que coloca cual barniz.

Si pudiera volver al principio, esos primeros meses,
a aquellos dos que fuimos, 
a las primeras veces,
a las noches enteras hablando,
y las madrugas con resaca de ti, de tus palabras,
de lo que nos dijimos,
de lo que ya no queda nada,
tan solo mi cuerpo temblando
y mis manos reviviendo en brazos de un teclado
a un corazón afligido, derrotado.

miércoles, 8 de enero de 2014

Que no haya un buen motivo para quedarse, es un buen motivo para irse

Incrédulo, volvió a restregarse los ojos. Los abrió grandes en un primer momento y después los achinó para fijar su foco de atención y percibir con mayor claridad aquella imagen que se le presentaba en la distancia. Una chica paseaba por la calle con ritmo pausado pero firme. Salió corriendo disimuladamente. Necesitaba saber si era ella. Cuanto más se encogían los metros, más se dilataban las pupilas. Un pálpito le daba una respuesta afirmativa. El sol le impedía ver su rostro con perfección, pero los reflejos rubios descubrían su cabello. La duda se volvió certeza. Cinco años después, se encontraba frente a esa chica que nunca le dio la espalda. Cada vez estaba más cerca. El pasado se iba a hacer presente en un futuro inmediato. Un par de metros les distanciaban. Los nervios afloraban. ¿Cómo saludarla?. Su cabeza saturada de soluciones inexistentes le impedía avanzar. La voz no le salía. Las manos le sudaban. Las piernas le temblaban. Optó por hacerse notar para que le viera. Pero nada, ella iba tan sumergida en su mundo como siempre. Quién sabe lo que andaría pensando... Decidió seguir su instinto y actuar como le saliera de dentro. Pasó por su lado acariciándole la cintura y mirándola inmediatamente, buscando su mirada, para que no se sobresaltara y se sientiera cómoda. La chica se giró extrañada y se encontró con el que había sido el amor de su vida cuando era una cría. ¿Por qué el destino se empeñaba en meterle en su vida? Por primera vez desde que le conocía no le saludó con una sonrisa. Él sintió un pinchazo en el estómago, o quizá algo más arriba, pero el simple hecho de pensarlo le rompía los esquemas, y para permitir tal sensación, había que ser muy valiente. Él, por primera vez también, la saludó sonriendo. Los papeles parecían invertirse. Se lanzó a darle dos besos y a iniciar la conversación. Ella seguía confusa. ¿Por qué se comportaba así con ella?. ¿Por qué no dejarlo pasar como tantas veces? ¿Por qué no obviar la realidad? Su subconsciente traicionero le ayudó a pedirle algo que nunca se había atrevido: la conversación que tenían pendiente desde hacía casi una década. 

- ¿Tienes prisa? Me gustaría hablar contigo un rato, 
tranquilamente, a solas, saber qué es de ti, cómo te va, qué estás haciendo en tu vida... Ha pasado tanto tiempo... 
-  Demasiado... - un nudo se adueñaba de su garganta.

Él buscaba la mirada de aquella niña de antaño que le habría dicho que sí a cualquier propuesta y se lo habría puesto fácil. Pero los que estaban allí parados, en mitad de la calle, no eran ni serían nunca los de épocas pasadas. 

- ¿Qué me dices?, ¿podrías? o, mejor dicho... ¿te  apetece que hablemos? - la voz se le llenaba de dudas que le hacían tartamudear.
- Sí, podría charlar unos minutos. ¿Nos sentamos en ese banco?
- Claro, donde quieras.

Tomaron asiento los tres, él, ella y un silencio sobrecogedor producto de la brisa ausente de un mes caluroso. Varias preguntas de control para entrar en situación y unas cuantas mariposas más tarde, decidió confesarle sus sentimientos.

- Verás... lo que te voy a decir no es fácil, de hecho,
jamás me he atrevido a decírtelo. Sabes que soy de pocas palabras. El caso es que no he podido dejar de pensar en ti en todo este tiempo - buscó rápido sus ojos.
- Llevamos cinco años sin vernos, y me dices que no has podido dejar de pensar en mí... No te creo.
- De verdad, créeme. Te he dedicado mis mayores deseos, mi mejores pensamientos, mis sentimientos más sinceros, mis noches en vela, mis sueños, mis fantasías, mis latidos, mis suspiros... Todo te lo he dado en la distancia.
- No te creo - le miró bruscamente a los ojos, con un gesto mezcla de decepción e impotencia.
- ¿Por qué no me crees? - no entendía a dónde quería llegar. 
Se estaba declarando, por fin, y no le estaba sirviendo para nada.
- Cuando quieres a alguien, tanto como pareces intentar demostrarme, no dejas que pasen los años sin, tan siquiera, enviarle un mensaje. Ha pasado muchísimo tiempo y aún sigues sin saber lo que es el amor - sus ojos, llorosos, desviaban la mirada. No quería mirarle porque le sería imposible detener ese huracán de sentimientos que hasta ahora había conseguido mantener controlados.

 
- Eh... bueno... yo... sabes que siempre he pensado que sería imposible que mantuviéramos una relación. Entre tú y yo hay una diferencia notable y eso me aterrorizaba. No estaba preparado para una sociedad prejuiciosa, ni para mí, el primero de todos ellos. Fue un error. Tendría que haberte dicho esto mucho antes. Pérdoname... - un suspiro se escapaba temeroso de su boca. Sus ojos empatizaban con los de ella.
 - ¿Por qué me haces esto? ¿Tanto te costaba seguir ignorándome? Dolía pero, al menos, era más estable y coherente. Algo seguro a lo que agarrarme. ¿Ahora qué? ¿Qué se supone que quieres oír? ¿Qué te gustaría que te dijera?
- Me encantaría que me perdonaras por cobarde, que me dieras una oportunidad y que comprobáramos si aquella relación por lo que nadie apostó, podría salir bien - acarició su mano suavemente.
- ¿Sabes? hace cinco años te habrían bastado las primeras frases para tenerme a tu lado de nuevo. Es más, si te soy sincera, una parte de mí me está gritando que te diga que sí, que podemos empezar de cero, o continuar la historia que nunca acabó, pero...
- ¿Pero? - analizaba su rostro intentado descrifar por adelantado lo que las palabras le iban a descubrir en breve.
- Ahora hay una persona a la que quiero más que a ti, y esa persona soy yo misma - tragó saliva orgullosa. Lo siento... - le susurró en los labios tras besarlos por primera y última vez. 
- Espera, por favor. ¡No puedes besarme e irte!
- Tú me prometiste que estarías ahí y no estuviste. Todos mentimos. Yo... ya no te quiero - se levantó del banco, separando sus manos a la par, y mirándole fijamente, mientras una lágrima recorría su mejilla rosada. 
- ¡Te quiero! Por favor, ¡tienes que creerme! - le gritó mientras se levantaba del banco.


Pasó su manga por la mejilla, quitándole la humedad, y respiró profundo. A pesar de todo lo que le había dicho, sabía que si, en ese momento, hubiera corrido tras ella, la hubiera agarrado del brazo y la hubiera traído hacía sí mismo para besarla, habría caído rendida a sus pies. Con ese pensamiento en la mente, siguió caminando. En la calle solo se oían sus pasos. Nadie la estaba siguiendo. Él se quedó allí, parado, viendo escapar su destino, otra vez. Finalmente, ella pasó por una ventana y, mirándose, le dedicó a su reflejo una melancólica sonrisa. Sabía que había tomado la decisión correcta...

sábado, 4 de enero de 2014

Marcando la diferencia

Estar soñando contigo y despertarme sobresaltada. 8:25 de la mañana. ¿Qué hago despierta a esta hora?. Casi sin dar tiempo a que mi cerebro encuentre la solución a dicha pregunta, un impulso me lleva a coger el móvil. Un mensaje tuyo aguarda, como si fuera cosa del destino. Estoy a punto de restregarme los ojos y, mirar la pantalla, con solo uno de ellos pues la pereza del otro le impide destaparse de los párpados, arriesgándome al dolor de cabeza mañanero y rutinario que me genera ese ritual, pero es un mensaje de voz. Sabes cómo hacerme sonreír. Cierro los ojos y dejo que mis manos curiosas palpen el fondo del cajón hasta encontrar, al fin, los cascos. Intento relajarme, solo es un mensaje. Con tu voz, que no sé qué quiere decirme. Qué ha podido pasar. Tu imagen. Tu mirada. Un mal presentimiento. Decido dejar de pensar y silenciar la incertidumbre subiendo el volumen de los auriculares. Buenos días, mi niña... Sonrío. Quizá no sea nada malo. Vuelvo a pulsar el play impaciente por destapar esa duda. Me han surgido unos asuntos que tengo que resolver esta tarde, por lo que no nos vamos a poder ver.... Stop. Sin dejar que exponga sus argumentos, me dedico a imaginarlos. 60 eternos segundos en los que la bipolaridad alcanza su máximo, pensando en si mosquearme ya o continuar la grabación. Opto por la segunda opción. Play. ... después de las 5 de la tarde. Como no puedo controlar estas ganas de verte, he llamado al trabajo diciendo que estoy indispuesto y que hoy no iré. Sonrío. Qué idiota - pienso. Continúo visualizando la escena. Así que, ¿qué te parece que nos veamos por la mañana?. Sé que no debo pedirte nada, pero... me haría tan feliz verte, aunque fuera 10 minutos... ¡Me salto las normas por ti!. ¿Intenta impresionarme con esa actitud de "machote"?. Me río. Qué rebelde - pienso. Pero no lo tendrá tan fácil, no conmigo. Mi mente malévola decide ponerle a prueba. Escribo: ¿Me cuentas por qué no podemos quedar esta tarde o dejamos aquí la historia?. Al instante la respuesta. Se las gasta bien. Otro mensaje de voz. Sus motivos no me agradan lo suficiente. Mi desconfianza innata empieza a florecer. Si te soy sincera, se me han quitado las ganas de verte. Bloqueo el móvil dejándole con la palabra en la boca. Sé lo que molesta, pero no me interesa lo que me cuente. Nuestro plan estaba antes. El móvil empieza a vibrar continuamente. Lo miro de reojo. ¿Y si estoy siendo muy dura?. El interés me vuelve a vencer. Más mensajes. Varios "lo siento" se escapan de su boca. Menos palabras y más hechos - pienso. No quiero darle más vueltas. Mi cabeza se satura y la jaqueca reaparece. Me giro e imagino cómo sería si le viera en unas horas. El cosquilleo me puede. Otra vibración y mi mano insumisa se lanza hacia el móvil. Lo vuelvo a mirar. Me surge otra pregunta de nivel: ¿Qué harás si no nos vemos hoy? Quizá estés perdiendo un día de trabajo a lo tonto. Lo envío rápido, pero no más que su respuesta. Su voz seductora. Ya que no puedo dedicarte la tarde, te dedicaré la mañana. Si estás conmigo, estaré ocupado haciéndote sonreír. Si no estás conmigo, estaré ocupado pensando en ti. Definitivamente es idiota. Un idiota encantador. Sonrío. Me ha ganado, pero no quiero que lo descubra. Me hago de rogar. Quiero que insista. ¿Se rendirá?. Si lo hace, no es tan espectacular como creo. Ese último pensamiento me tranquiliza. Nuevo mensaje. ¿Qué me dices, me dejas verte?. Unos minutos de duda. De nuevo un mensaje. Al móvil me llega una foto. Él, sus ojos, su sonrisa. Vaya, me tiene cogida la medida más de lo que pensaba. Quizá sí sea tan espectacular como creo. Continúo con el juego. ¿Dónde estás?. Un mensaje suyo. ¿Dónde te gustaría que estuviera?. Me deja sin palabras, le odio. Sonrío. Busco la palabra adecuada, respondo: Cerca..., y le doy a enviar. Oigo su nuevo mensaje: Estoy donde vives, ¿así de cerca te parece bien?. Me acuerdo de su excusa para faltar al trabajo y me vuelvo a reír. Al final va a ser un rebelde. Una última prueba más: Tengo que desayunar, ducharme, arreglarme... ya sabes cómo somos las mujeres. Podría tardar hasta 2 horas. Responde. Contigo no tengo prisa, puedo esperar lo que desees. Estoy a tu entera disposición. Esa última frase marca la diferencia. Hay pocos así, ¿eh? - me digo a mí misma. Vale la pena. Me levanto y me preparo tranquilamente. 2 horas son 2 horas... me río con malicia imaginándomelo aburrido en una cafetería o sentado en su coche. Se me ocurre un comentario final. Vuelvo a coger el móvil. Lo bueno se hace esperar.... Su pregunta: ¿Y lo mejor?. Mi respuesta: Lo mejor se hace de rogar. Última respuesta: Entonces, te rogaré lo que haga falta. Me meto en la ducha... 


jueves, 2 de enero de 2014

Tristeza infravalorada

Tal vez mi clara preferencia por las cosas tristes tenga que ver con que, cuando estoy feliz, no necesito sentirme comprendida. Me da igual todo. Estoy contenta. Me lo paso bien, me río, hago el idiota, digo estupideces, saco a la luz la niña pequeña que era, juego, me divierto... No me es necesario reflexionar sobre mi estado anímico, así que si tengo que elegir una canción, me decanto por una bailable, si tengo que elegir una película, me decanto por la comedia, si tengo que elegir un libro, me decanto por ciencia ficción, por ejemplo... Pero, ¿y cuando estoy triste?.  No me gusta la gente que rechaza la tristeza. En realidad, creo que le tienen miedo. Les puede el temor a indagar dentro de sí, a reflexionar el porqué de ese estado de ánimo, a replantearse su vida, y a pensar qué está pasando. Se creen fuertes. Ellos nunca están tristes. No hay nada que pueda con ellos. Nada ni nadie les puede borrar la sonrisa de su rostro. Los antitristes estos me cabrean. No me gusta el trato que le dan a la tristeza. La tratan como si fuera una emoción odiosa, que nos hace estar mal, sin ganas de nada y que nos mina la moral. Y eso es cierto, pero hay mucho más detrás. Yo siento un gusto especial por esa emoción tan poco valorada. 


Me gustan las cosas tristes. Me gusta la tristeza. Me gusta siempre y cuando no se prolongue, que es cuando surgen los problemas. Me gusta, por ejemplo, meterme en la cama un domingo lluvioso de invierno, ponerme los cascos, darle al play y escuchar la lista de reproducción más sentimental que tenga. Identificarme con las letras, imaginarme como protagonista del videoclip, pensar, reflexionar, sentir, y si es necesario, acompasar las gotas de lluvia que golpean mi ventana con las lágrimas de dolor que golpean mi interior. Sé que la gran mayoría no lo entenderán, pero a mí me parece bonito. Es la belleza de la tristeza. Desahogarme. Hacer una pausa. Tener un momento de soledad para mí. Disfrutarlo a mí manera. Aislarme del mundo externo y sumergirme en el mío interior. Pasar de todos y de todo. Dedicarme unas horas, o un día entero. Quizá llegue a alguna conclusión después de plantearme esas cien mil preguntas que acosan mi mente o, tal vez, no llegue a nada en concreto, pero el simple hecho de haberle dedicado tiempo me hace sentir mejor. Yo no huyo de lo triste. Incluso, a veces, lo busco. Remuevo mi pasado, mis emociones, mi yo de ahora. Me gusta ponerlo todo patas arriba para volver a colocarlo, de una forma nueva, distinta, especial. Es cuando más inspirada me noto. La tristeza me demuestra que estoy viva, que siento, que soy humana, que tengo corazón, que soy vulnerable, que soy auténtica. Me parece maravillosa esa sensación. Lo bonito es bello de por sí, no es tan importante hacerlo más bello. La tristeza requiere de esos mimos. Me encuentro bien cuando escribo cosas tristes o cuando leo un libro sin final feliz. De hecho, unos de mis libros favoritos son "Tres metros sobre el cielo" y, su continuación, "Tengo ganas de ti", por eso mismo. No terminan bien. Acaban como tienen que acabar. Son reales. Te dejan un sabor de boca agridulce que pocos autores tienen el coraje de crear. Libros con cuyos finales lloré notablemente y de los cuales estoy enamorada. Podéis llamarme rara, loca, idiota... a lo mejor conseguís que me ponga triste y me hacéis feliz.

miércoles, 1 de enero de 2014

Apostar por lo que nadie apostaría



Ella era una chica despistada, curiosa, soñadora, risueña, que adornaba su personalidad con ligeros matices de travesura y que encontraba el atractivo en todo aquello que estaba fuera de su alcance. Su capacidad atencional estaba sesgada hacia el mundo de aquel chico moreno de ojos azules que aún no la conocía. Entre deseos y fantasías, pasaba los días imaginando cómo sería estar con él. ¿Sería posible mantener una relación con alguien tan distinto y, a la vez, tan igual a ella?.

Esa pregunta y otras, hermanas de esa, se paseaban por su mente en cada silencio que se le presentaba. Sus amigas más cercanas empezaban a darse cuenta del sentimiento que esa niña de 16 años estaba desarrollando por esa inalcanzable y prohibida figura masculina. Ella no se escondía puesto que no veía el error en querer estar con quien realmente quería estar. Sin embargo, su padre rechazaba de mala forma su posición. Ese tipo no era para ella. Sus mundos no encajaban y no quería ver a su hija convertida en alguien como él. Cada día que pasaba, más se lamentaba por ser así, y arropada por la impotencia que le proporcionaba la situación, más entristecía, pensando que jamás le volvería a ver. Su padre la obligó a alejarse de ese hombre y a seguir con su vida diaria, una vida monótona, aburrida, absenta de emociones y misterios. Aunque en uno de esos diarios estados de somnolencia despertó, sacando fuera de sí el carácter necesario, y decidió que nadie le daría clases de moralidad. Ella solo quería jugar, no tenía por qué hacerse daño. Se lanzó a la piscina como la mejor de las nadadoras y eligió ir a contracorriente. 
 

Era pequeña pero valiente. Era joven pero astuta. Su audacia la llevó a encontrarse con él y a darle la oportunidad de que la viera. Cuando se miraron, sintió que ya la conocía de antes. Ella era la chica a la que había estado esperando para centrarse al fin en la vida. Estaba cansado de las presiones sociales, sobre todo familiares, que no paraban de recordarle la edad que tenía, que ya se le estaba pasando la juventud y que tenía que casarse y formar un futuro estable con alguien. Y, a pesar de haber tenido a su disposición las mujeres más ideales, él no quería ser como la oveja seguidora del rebaño, ni un desesperado que acababa con lo primero que se le presentaba, ni una persona que se dejaba llevar por las insistencias ajenas, ni un mentiroso compulsivo. Su paciencia y constancia le habían llevado a esa niña pelirroja que con tan solo mirarle le hacía sentir mejor persona, algo que nadie hasta el momento había logrado. Las horas avanzaban y ellos seguían conociéndose, dando rienda suelta a la pasión, olvidándose del mundo y ciñéndose a lo que sentían por el otro. La sociedad intentaba gritarles las incorrecciones que mostraban, pero ellos solo escuchaban susurros lejanos, puesto que el fuerte latido de sus corazones silenciaba cualquier otro sonido. Quedaban dos opciones, o se alejaban de todos para estar tranquilos o los demás tendrían que aceptar esa relación, la cual era innegociable. Por fin el amor rompió los barrotes y voló libre al exterior. 

El amor verdadero lo puede todo. Arrasa. Rompe. Destroza. Une. Revive. Brilla. Destaca. Vence. Y contra una fuerza así, nada ni nadie se puede imponer. Lo auténtico se sobrepone. Lo real perdura.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Nochevieja

En estas épocas de nostálgica navidad, donde el pasado llama tímido a la puerta y la vulnerabilidad la abre, permitiendo el paso desmedido de recuerdos que avivan la llama del sentir, el corazón se apodera de las entrañas. 


Otro año que echa el cierre y uno nuevo que festeja su propia abertura. Una inaguración donde no pueden faltar los mensajes, las bromas, las felicitaciones, las llamadas, los besos y los abrazos de amigos y familia. Donde no puedo evitar acordarme más de los que no están que de los presentes. Donde no puedo evitar acordarme de ti. Tu ausencia presente y constante. Un recuerdo efímero, ya que esta noche tampoco te la regalaré. La noche familiar toca su fin con el sonido agudo de unas copas que, repletas de champán, brindan por unos 365 días mejores que los anteriores y que se vacían llenando la ilusión de lo que está por llegar.

Mi deseo para el 2014 no se separa demasiado de la línea que marcaban los años que se han dejado atrás. Simplemente quiero tener a los míos cerca, seguir acumulando experiencias en mi piel, sensaciones en mi interior, recuerdos en mi memoria y sueños en mis pestañas. Me gustaría seguir avanzando, ganándole la partida a las agujas del reloj, y seguir creciendo como persona. Ojalá toda la gente a la que quiero, estén en mi día a día o no, sean felices o, al menos, luchen por serlo, y les vaya todo bien para hacerles el camino más llevadero. Seguro que este año es mejor que el anterior, puesto que la calidad de este viene marcada por la actitud que tengas frente a él, y la mía es innegociablemente la mejor. Esperanza, alegría, coraje, fuerza y ganas, muchas ganas. Otro año que me otorga la posibilidad de seguir descubriéndome, de seguir siendo yo; una oportunidad que no desperdiciaré por nada ni nadie.


martes, 24 de diciembre de 2013

En la esquina de la impotencia

 
Ganándose la vida en las carreteras de polígonos, vistiendo minifaldas y escotes que servían de cartera, botas hasta las caderas y melena suelta. La imagen de una mujer despampanante que entregaría su cuerpo al primero que pasara, ya fuera obrero, empresario u oficinista. Una ventanilla se bajaba y una mujer se subía. Aquel sudor evaporado nublaba su vista. Sus sueños estaban manchados por la lefa de aquellos hombres que no veían más allá de una vagina cuando la miraban, que gozaban al oír los gemidos fingidos que camuflaban la impotencia que nadie se paraba a escuchar. La miraban pero no la veían... No la escuchaban, tan solo la oían... Sintiéndose tan mierda que a pesar de tener un cuerpo de escándalo y un corazón enorme, cada vez cobraba menos a los hombres. Y ellos se aprovechan, las nalgas le azotaban, mientras le gritaban puta y le susurraban guarradas... Quizá si alguno se hubiera dejado 20 pavos más destinados a conversar, en vez de a follar, habrían podrido disfrutar de otra manera, más moral, haciéndole sonreír a aquella mujer buena, que se preocupaba por ganar monedas para que sus hijos tuvieran un hogar donde dormir y soñar. Un día más la realidad la golpeaba, maltrataba sus esperanzas y rompía a llorar, aunque pronto se recomponía pues sabía que de ella dependía que su familia tuviera un trozo de pan. Algún día esto cambiará, se repetía mientras seducía a otro tío más. Algún día él me mirará y me verá, me oirá y me escuchará, me tenderá su mano y de la calle, me sacará...

La transformación


Decidió no dejarse engañar más ni someterse a ese ritual idílico de cenas románticas, llamadas nocturnas y mensajes de buenos días, que siempre acababa mal. Elegió dar un vuelco a su vida, saltarse sus principios y convertirse en otra persona que sufriera menos y que disfrutara más. Acabó buscando otras pieles con las que cubrir sus complejos, otras miradas con las que sentirse indañable, otras manos que no regalaran caricias con las que enamorar sino que, simplemente, sirvieran para agarrarla fuerte en cada acercamiento sexual. Intentó curar sus heridas derramando sobre estas sudor ajeno, y esconder su tristeza bajo un maquillaje que dejaba clara cualquier intencionalidad. Pensó que bajo distintas sábanas podría esconder su frágil corazón y destapar aquella mujer que quería mostrar al mundo entero. Ya no era esa niña débil, tímida, enamoradiza y risueña que hacía cualquier cosa por el chico que amaba, ni aquella que sostenía el firme pensamiento de que para que alguien la hiciera suya, tendría que conocerla, interesarse por ella y cuidarla bien a diario. Esas ideas se evaporaron con las altas temperaturas a las que se sometía su cuerpo en cada encuentro de dos.

El magnetismo del riesgo

Cada gilipollas que se cruzaba en su camino la impulsaba más hacia los brazos de aquel hombre que le había demostrado lo increíble que era. Él siempre estaba allí, para halagarla, para preocuparse por ella, para animarla, para sacarle una sonrisa, para tratarla como se merecía, para respetarla, para hacerla sentir mujer... Aún no sabía cómo, pero ese hombre había llenado cada rincón de su cerebro con su esencia, perforándole el subconsciente con cada palabra que le dedicaba. Constantemente, tenía en mente su rostro, su figura, su deseo, sus ganas de ella... Y lo que empezó como un inocente juego acabó como una obsesión peligrosa que ponía en riesgo su vulnerabilidad. Estaba empezando a sentirse atada a la imagen de ese algo que no paraba de pensar en ella, de mimarla y de hacerla, cada día, un poco más suya. Ninguno de los dos se imaginarían hasta qué punto podrían llegar, pero si siguieran así, estarían en el camino de algo muy distinto que rompería barreras, prejuicios, límites e hipocresía. Estarían cerca de lograr algo grande. Ese deseo efímero y eterno con el que soñaban al anochecer...

sábado, 14 de diciembre de 2013

La chica de la moral distraída

Entre sábanas y gotas de sudor ajenas, intentaba ahogar el peso de las lágrimas. Con el cuerpo expuesto al público y el corazón guardado bajo llave pues, si algo había sacado en claro la última vez, es que pasaría mucho tiempo hasta que alguien fuera realmente capaz de valorarlo. Ni caricias de amor, ni besos de despedida, ni temor, ni heridas. Eso ya no tenía cabida en su nueva vida, la cual se estaba construyendo sobre los cimientos de la cobardía segura, al menos hasta encontrar al arquitecto de sueños adecuado. 

En la oscuridad de la noche hallaba la luz, y en la luz del día hallaba la oscuridad. Por eso, dormía de día y vivía de noche. Cuando las almas solitarias danzaban por las calles con un triste vals salía en busca de su pareja de baile. Se convertía en la bailarina por excelencia cuando se calzaba los tacones de la autoestima. La chica de la moral distraída salía otra madrugada con la esperanza vaga de curar con alcohol sus cicatrices. Buscaba traviesa la mirada de aquel hombre que la hiciera suya esa noche y ninguna más. Un seductor compulsivo. De esos que liga con cientos de mujeres sin recordar nombres ni apuntar teléfonos, haciéndoles saber lo que quiere de cada una de ellas y dejándoles las cosas claras cuando terminaba de subirse los pantalones. Su mirada se cruzó, entonces, con la de un hombre que la observaba fijamente, en la lejanía de la barra del bar, con gesto duro, frío, impasible, que captaba la atención de aquella niña que decidió ser mujer durante unas horas. Pocas palabras y unos ojos, que se clavan hasta taladrarla el inconsciente, bastaron como acercamiento. Unas escaleras que se bajaban, una puerta que se abría y otra que se cerraba tras ellos. Aquellas embestidas agitaban su cuerpo y distorsionaban su autoperspectiva, con la mente confusa y la mirada nublada; cerrar los ojos de poco servía ya. Minutos después, el placer aplacó su malestar... cada pensamiento negativo se iba desvaneciendo a la par que ella iba siendo soltada por aquellos brazos que solo servían para sujetarla unos instantes. Un silencio sordo resonaba en aquel baño cuando él ya se había marchado sin dejar rastro. Ella se miró al espejo sin encontrarse. Solo veía el reflejo de la chica de la moral distraída allí, otra noche, sola, en el baño de un local nocturno...

viernes, 8 de noviembre de 2013

Te odio queriéndote



Y aunque intente aparentar que no me molesta, me destroza tu indiferencia. No existe arma más dañina que esa, no la indiferencia, sino TU INDEFERENCIA. Me hiere y ni siquiera así consigo dejar de ir tras de ti. Mi actitud sobrepasa el límite de lo absurdo. Y no sé qué es peor… menudos estamos hechos. Lo nuestro es la historia interminablemente terminada. Lo nuestro, o lo mío, solamente. Ya no sé ni qué pensar. Solo sé que contigo es una de cal y otra de arena, y por esa maldita arena aquí sigo, intentando profundizar en el mar de tus ojos. Ojalá abrieras un resquicio de tu alma y me dejaras entrar. Te prometo que no te la descolocaría, tampoco te cambiaría cosa alguna ni me llevaría ni te dejaría nada, tan solo echaría un vistazo a ver si consigo una pista que me permita seguir las huellas de tu impenetrable corazón. Pero eso es tan improbable como mirarte a los ojos sin sentir… Llevo años conviviendo con la dura idea de que eres  imposible tanto como ser el motivo de tu sonrisa... Y el caso es que no me acostumbro. Dame tiempo pues  soy de aprendizaje lento y de sentimientos fuertes. Verdaderos como los que más. Además, me provocas dulces muertes emocionales que me hacen sentir viva, ¿irónico, no?. Quizá estúpido. Sí, quizá sea más esto último. No puedo evitarlo… Me ilusionas, me desilusionas, me alegras, me entristeces, me alivias, me perturbas, me buscas, me ignoras. Torbellino sentimental de alto nivel. En eso eres bueno, ¿eh?. Realmente bueno… Tal vez esa puta incertidumbre sea lo que me ata, sin cuerdas, a ti. 

Solo puedo decirte que eres el dolor más bonito de mi vida.



Te odio queriéndote 


viernes, 25 de octubre de 2013

Antes de que sea tarde...

No entiendo cómo te enamoraste de alguien que se alimenta de carencias, que sueña con desvelos, que vive de pequeñas muertes emocionales... de alguien que se llena de vacíos, de alguien que se acuesta con la primera duda que pasa... No sé por qué te fijaste en estas pestañas que solo conservan sueños perdidos y unos ojos dueños de lo que nunca fue mío... 

Intento comprenderlo, pero ¿cómo te ibas a detener en este alma solitaria que tiene a la luna por musa, que canta a las estrellas con el vago deseo de enamorarlas porque sabe que es imposible...? ¿Por qué pusiste tu mirada en esta loca que pregunta al silencio y responde al eco de su voz...? ¿Qué te hizo preso de unos labios cobardes, de un espíritu mezquino, de una oveja negra?

Tu amor por mí es el acertijo que no se resuelve, la adivinanza que no se adivina, el misterio que no se descubre... La lógica y la coherencia se esfuman cuando pronuncias mi nombre con tus labios. No juegues. No te hagas daño. Ten cuidado con los arañazos de este corazón astillado... Nunca podrás alcanzar la esencia de esta mujer inestablemente estable. Aléjate antes de que esa tarde y te veas atrapado entre las luces y sombras que guían mi rumbo. Si sigues mi camino y te arriesgas a dormir en la misma cama que yo, no te martirices preguntándote por qué las noches te parecen tan frías... la culpa no es del tiempo que hace fuera, sino de la temperatura interior de quien duerme a tu lado...